viernes, 28 de agosto de 2026

El cuarto corazón de Tejina

          
        Este año “Alzad la mirada” se ha convertido en todo un himno referente para la comunidad católica por la primera visita de un pontífice a estas islas. León XIV, nos ha visitado para completar el trabajo pendiente que había dejado su predecesor el Papa Francisco por la crisis migratoria. Su nombre y su primera encíclica no nos deja duda de cuál va a ser su línea de actuación. Con la encíclica Magnifica humanitas (2026) León XIV esta equiparando la revolución tecnológica de la Inteligencia Artificial (1) con la revolución industrial que vivió León XIIl, el Papa que inició la Doctrina Social de la Iglesia. Pero León XIV procede de la orden agustina, la misma a la pertenecían los primeros evangelizadores de Tejina. Robert Prevost no necesita por tanto altura de miras para vivir en profundidad lo que en Tejina deberíamos vivir todos los años, La Unión de Corazones. Un aspecto que nos lo ha recordado el párroco Daniel Padilla en la homilía del pasado 24 de agosto. Basta recordar la principal regla agustiniana para entenderlo:

 “Ante todo, vivid unánimes en la casa y tened una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia Dios” 

Efectivamente en Tejina hay cuatro corazones, tres que se ven y un cuarto que necesita ser descubierto.
  
Los tres primeros llegan cada agosto desde El Pico, Calle Arriba y Calle Abajo.
Son los corazones que el pueblo conoce, espera y discute; 
los que durante semanas nacen de las manos de los vecinos, se visten de flores, frutos y panes y, finalmente, son llevados hasta San Bartolomé. 
Allí ocurre el gesto que quizá mejor resume toda la fiesta: 

La ofrenda y los corazones se levantan. 

Durante unos instantes dejan de pertenecer a la tierra. 
 Apuntan al cielo. 
 Y sobre ellos ondean siete banderas. 

 ¿Por qué siete? 

La propia documentación de la Asociación de los Corazones de Tejina reconoce que no se conoce con certeza el origen de ese número. 
Sabemos cómo se distribuyen: cuatro en la corona mayor, dos en la menor y una sobre el ramo. Sabemos también que forman parte inseparable de la imagen actual de los corazones. 
Pero el motivo de que sean siete permanece oculto. 
Y quizá sea precisamente ese desconocimiento el que nos permita mirar de nuevo. 
Porque mucho antes de que siete banderas coronaran los corazones de Tejina, otro corazón había sido rodeado por siete rosas. 

 El corazón y las siete rosas 

Hay que entrar en el territorio de la pintura religiosa del siglo XVIII para encontrar esa otra imagen. Carlos Rodríguez Morales estudió una de estas obras en su trabajo Después de Quintana. Nicolás de Medina y la pintura en Canarias a mediados del siglo XVIII, presentado en el XIV Coloquio de Historia Canario-Americana (2). Allí, en la pintura vinculada al ámbito de las Catalinas, aparece el corazón acompañado por siete rosas en el contexto de la Pasión. 

No estamos ante un detalle ornamental. El corazón, en la tradición espiritual cristiana, es mucho más que una representación del órgano humano. Es el lugar interior donde se encuentran el amor, el sufrimiento, la entrega y la experiencia de Dios. 
La historiadora Alejandra Araya Espinosa ha estudiado precisamente esa larga tradición del corazón como espacio privilegiado de la espiritualidad femenina en la América colonial (3). 
En aquellas imágenes, el corazón podía ser herido, inflamado, coronado de flores o presentado como ofrenda. 
 El corazón hablaba. 
 Y a veces hablaba de Cristo. 
 A veces de María. 
 A veces de ambos. 
 No podemos afirmar que exista una filiación histórica entre aquellas siete rosas del siglo XVIII y las siete banderas de los corazones tejineros. Sería ir más allá de lo que permiten los documentos. Pero sí podemos detenernos ante la coincidencia. Un corazón. Siete rosas. La Pasión. Y, más de un siglo después: Un corazón. Siete banderas. Una ofrenda. Quizá la historia no sea la de una tradición que se transmite intacta. Quizá sea la historia de un símbolo que cambia de forma mientras conserva su capacidad de conmovernos.

Siete
 
El siete tiene una larga vida en la imaginación religiosa. 
Siete son los Dolores de María. 
Siete son los velos que la tradición artística acabó colocando sobre la danza de Salomé. 
Y siete son, hoy, las banderas que coronan los corazones de Tejina. 
No debemos confundir esas tres historias. 
Los Evangelios no hablan de siete velos. 
La danza de Salomé pertenece a una elaboración artística posterior. 
Tampoco existe, que sepamos, un documento que diga que las siete banderas de Tejina fueron concebidas para representar los siete Dolores de la Virgen. 
Pero la literatura permite otra cosa. 
Permite preguntar.
 
¿Y si las siete banderas fueran siete velos?
 
No para explicar el origen de la tradición. 
Para mirarla. 
Salomé retira los velos. 
Tejina levanta las banderas. 
En un caso, el misterio se descubre mediante la desaparición de aquello que lo cubre. 
En el otro, el corazón se hace visible precisamente porque se eleva. 
Salomé baila hacia la muerte. 
Tejina levanta sus corazones hacia el cielo. 
Y entre ambas imágenes aparece María. 
El corazón de una madre.  
Hay una imagen que ocupa un lugar singular en la memoria religiosa de Tejina: la Virgen de los Dolores de la parroquia de San Bartolomé, tradicionalmente atribuida a José Luján Pérez. 
Ante ella, el corazón deja de ser una imagen de abundancia. 
Ya no hay frutas. 
No hay flores festivas. 
No hay tortas de pan. 
Hay una madre. 
Y hay un dolor. 
La iconografía de la Virgen de los Dolores representa su corazón atravesado por siete espadas, correspondientes a los siete dolores de María. 
El número siete vuelve a aparecer, esta vez convertido en herida. 
Y entonces podemos empezar a levantar nuestros velos. 
El primero nos conduce al anuncio. 
El segundo, al nacimiento. El tercero, a la infancia. El cuarto, a la vida pública. El quinto, al camino de la Pasión. El sexto, al Calvario. Y queda el séptimo. El último. El que más cuesta levantar. Porque detrás de él ya no encontramos solamente el sufrimiento. Encontramos la esperanza.

 


María y Jesús 

El corazón de María no puede separarse del corazón de Jesús. 
La historia de la madre está atravesada por la historia del hijo. 
El niño que recibe en sus brazos es el hombre que un día verá morir. 
El corazón que contempla la cruz es el mismo que después recibe la noticia de la Resurrección. 
Por eso, cuando miramos los grandes corazones de Tejina, podemos permitirnos una licencia poética. Cada uno está formado por una estructura mayor y otra menor, unidas por un eje. 
Dos corazones. 
Uno grande. 
Otro pequeño. 
No podemos afirmar que esa composición haya sido creada históricamente para representar a María y Jesús. 
Pero podemos verla así. 
Como una imagen de madre e hijo. 
Como dos corazones unidos por una misma historia. 
Como dos vidas que se encuentran en el misterio de la Pasión y que finalmente apuntan hacia el mismo destino. 
Y entonces aparece la palabra que quizá mejor resume todo este relato: elevación. 
Hacia arriba Jesús asciende al cielo. 
María es asunta al cielo. 
No es lo mismo. 
Cristo asciende; 
María es elevada. 
Pero ambos movimientos tienen una misma dirección. 
Hacia arriba. 
Y eso es exactamente lo que hacen los corazones de Tejina. 
Nacen de abajo. 
De la tierra. 
De los frutos de la cosecha. 
De las ramas. 
De las flores. 
De los panes. 
De las manos de los hombres, las mujeres y los niños que durante días trabajan para convertir una materia humilde en una obra colectiva. 
 Y después se levantan. 
 El pueblo los contempla desde abajo. 
 Los corazones quedan por encima de las cabezas. 
 Y durante unos instantes parece que la tierra ofrece al cielo aquello que ha recibido. 
Tal vez esa sea la razón por la que la imagen de los corazones resulta tan poderosa: porque no se limita a representar un corazón; representa un corazón que se eleva. 

El cuarto corazón 

Volvamos entonces al principio. 
 En Tejina hay tres corazones. El de El Pico. El de Calle Arriba. El de Calle Abajo. 
Son los tres corazones de la fiesta. 
Pero hay otro. 
No se construye en ningún barrio. 
No necesita ramas. 
No pesa sobre los hombros de los vecinos. 
No lleva frutas. 
No tiene tortas de pan. 
Está dentro de la iglesia. 
Es el corazón de María. 
Y dentro de él está el corazón de Jesús. 
Ese es el cuarto corazón. 
No un cuarto corazón que falte en la fiesta, sino el corazón que permite contemplar de otra manera los otros tres. 
Porque los corazones de Tejina son también memoria, sacrificio, ofrenda y esperanza. 
Porque un pueblo que construye colectivamente un corazón está hablando, aunque no lo diga con palabras, de aquello que quiere conservar. 
Y porque cada vez que esos corazones se levantan, algo antiguo vuelve a suceder. 
La tierra mira al cielo.

El último velo
 

Quizá por eso podamos regresar finalmente a Salomé. 
No para buscar en Tejina la historia de Salomé. 
Sino para invertirla. 
Ella tiene siete velos. 
Tejina tiene siete banderas. 
Ella los deja caer. 
Tejina los levanta. 
Ella conduce hacia la muerte. 
Tejina ofrece sus corazones ante el templo. 
Y cuando nosotros levantamos imaginariamente el séptimo velo, no encontramos el cuerpo de Juan el Bautista ni la tragedia de una danza. 
Encontramos una madre. 
Encontramos a su hijo. 
Encontramos un corazón herido por siete dolores. 
Y encontramos, más allá del dolor, la promesa de la Resurrección. 
Por eso quizá el misterio de los corazones de Tejina no esté en descubrir por qué son siete las banderas. Quizá esté en preguntarnos qué corazón estamos viendo cuando las siete banderas se levantan sobre la multitud. 
Los tres corazones de Tejina son los que todos conocemos. 
El cuarto es el que se descubre. 
Y cuando finalmente aparece, no mira hacia nosotros. 
Mira hacia arriba. 

            Nicolás de Medina, el pintor de las siete rosas, fue coetáneo de San Alfonso de Ligorio el fundador de la Congregación del Santísimo Redentor cuando Carlos III era el Rey de Nápoles, donde coincidieron. La fundación de los Redentoristas quedó estrechamente vinculada a la política religiosa de Carlos III y de su ministro Bernardo Tanucci. Los redencionistas se convirtieron en los reformadores que necesitaba la iglesia cuando los jesuitas fueron expulsados. Los jesuitas se constituyeron en los grandes divulgadores de la devoción al Sagrado Corazón cuando se vieron perseguidos de la forma que lo sufrieron. Los Jesuitas se convirtieron en la avanzadilla de lo que le ocurriría al resto de la iglesia en el siglo siguiente. 
            En Tejina se constituyó la Archicofradía del Corazón de María en 1852 por su párroco Juan Espinosa y Salas y José María Argibay, el franciscano exclaustrado responsable de las monjas Claras. Tres años antes, el propio Argibay había solicitado su incorporación a la Archicofradía del Santísimo e Inmaculado Corazón de María para la redención de los pecados. 6 meses antes de que el Obispo Codina mandase constituir Cofradías del Corazón de María en toda la diócesis para aprovechar el trabajo misionero del Padre Claret. En los estatutos de la Cofradía del Corazón de María de Tejina se establece que ya no habría procesión del santísimo, que la virgen a procesionar sería la Virgen de los Dolores y que el día principal sería el siguiente domingo a la octava de la Asunción, el día que actualmente se celebran los Corazones de Tejina en formato de Corpus estival propio de los agustinos. 

            Nunca dejo de hacerse Corpus en Tejina sino que cambió la forma de visualizarlo a través del Corazón de María y de Jesús, Alzando la Mirada. (4) 

1.- En el desarrollo del presente artículo se ha utilizado metodología basada en Inteligencia Artificial. 2.- Rodríguez Morales, C. (2021). Después de Quintana. Nicolás de Medina y la pintura en Canarias a mediados del siglo XVIII. XIV Coloquio de Historia Canario-Americana (2020), XIV-051. http://coloquioscanariasamerica.casadecolon.com/index.php/CHCA/article/view/10665. 
3.- Araya Espinoza, Alejandra LA MÍSTICA Y EL CORAZÓN: UNA TRADICIÓN DE ESPIRITUALIDAD FEMENINA EN AMÉRICA COLONIAL Cuadernos de Literatura, vol. 14, núm. 28, julio-diciembre, 2010, pp. 132-155 Pontificia Universidad Javeriana Bogotá, Colombia Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=439843026009 
 4.- Deseo felicitar y agradecer a mi nuera María el feliz acontecimiento del nacimiento de mi nieto Mateo en esta octava de la Asunción de 2026.

martes, 11 de agosto de 2026

Camino de San Bartolomé (IV), Bartolomé, santón agustino

Las IV Jornadas de divulgación histórica las cerramos recuperando el camino que seguían los padres agustinos desde La Laguna para alcanzar la costa tejinera tal y como describía Viera y Clavijo cuando narraba el periplo de la población lagunera tras la epidemia de landres de 1582. En aquella epidemia fallecieron dos terceras partes de la población reuniéndose el Consejo por primera vez fuera de La Laguna en la ermita de San Gonzalo de Tegueste Nuevo, que si bien pertenecía a La Concepción en lo eclesiástico, en lo civil en cambio, pertenecía a Tejina. Esta ermita era una de las más antiguas de la comarca. El dominico Gonzalo de Amarante recién beatificado durante la conquista fue una devoción característica de estos primeros portugueses que se asentaron en la isla. Creemos poder ubicarla en tierras de los LLarena, en la unión de los barrancos del Infierno y de las Cuevas, el barranco que nos lleva a Jover, propiedad que desde fechas tempranas estaban vinculadas a los padres dominicos de Nuestra Señora de la Candelaria .
Cuando Alonso Fernández de Lugo conquistó la isla de Tenerife le acompañaron dos agustinos Andrés de Goles y el portugués Pedro de Cea. La devoción mariana de los agustinos es bien conocida y la imagen que entonces le acompañaba era una estatuilla de unos 50 cm que representa a una virgen embarazada, la Virgen de la Consolación que a día de hoy está expuesta en la Iglesia de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife. La relación de los agustinos con la referente canaria, la Virgen de Candelaria, es anterior incluso a la conquista, no nos extraña por tanto que cuando los agustinos se instalaron en La Laguna crearan una de las primeras cofradías de Nuestra Señora de la Candelaria por parte de Pedro de Lugo sobrino del Adelantado y nieto de Alonso Fernández de Lugo, el viejo, fundador del convento agustino “los canarios” de Sanlúcar de Barrameda muy relacionado con los duques de Medina Sidonia. Sin embargo los pleitos con los Dominicos le relegaron su responsabilidad con la patrona a un segundo plano lo cual no estuvo exento de conflictos. De hecho dicha hermandad estuvo vigente hasta su disolución en 1572, con vinculaciones con Tejina a través del Guarda Mayor de Candelaria, Bartolomé Joven, que era cuñado de Jacome Carminatis y miembro de la cofradía de la Sangre. Apellidos como los Perdomo o los Tabares se vincularon familiarmente con los Joven. A partir de entonces la presencia agustina de origen portugués fue la mayoritaria. Procedían estos agustinos del monasterio de Nuestra Señora de Gracia en Lisboa.
La pareja de Pedro I de Portugal e Inés de Castro, reyes portugueses durante la reconquista, vivieron los últimos años en la parroquia de San Bartolomé de Coimbra, en la Ribera del río Mondego. Ciudad frontera de la conquista al musulmán, hizo de capital mientras se reforzaban la murallas de Lisboa. Coimbra es cruce de camino entre Oporto, Salamanca y Lisboa y paso obligado para los peregrinos que del sur de Portugal se dirigían a Santiago de Compostela. Las incursiones de estos ermitaños en África, que parecían rememorar sus orígenes ancestrales, influyeron de forma notoria en santos como San Antonio de Padua que sólo cambió al hábito franciscano tras conocer a San Francisco de Asís. Esta influencia portuguesa la podemos comprobar hoy en día en las ofrendas frutales a San Antonio de Padua, el santo lisboeta más popular y que todos los años se lleva a cabo en Los Majuelos de Güímar. Estos agustinos que vinieron con el adelantado instalaron el hospital de campaña, en el convento del Espíritu Santo al que llamarían Hospital de los Dolores en 1505, los cuales tenían sus propiedades en el Barranco Aguas de Dios de Tejina. Estos terrenos junto con los de Arafo (antiguamente pertenecientes a Güímar) eran los únicos terrenos de regadío que tenían estos agustinos para el cultivo de la viña de regadío tan propia del valle del Douro portugués y tan necesario para la celebración de la eucaristía. Estos terrenos fueron cedidos por Gonzalo Mexía en 1509 y los agustinos no dudaron en comenzar la devoción a la Virgen del Socorro como de igual forma hicieron en Tegueste. Esta devoción de los agustinos por la Virgen del Socorro data desde 1499 cuando se trasladó una pintura cretensa a la iglesia de San Mateo en Roma regentada por agustinos. Un aspecto curioso es que mientras en Tegueste la propiedad continuó siendo de los Agustinos, la de Güímar fue cedida a la Concepción.
En 1527 Hernando Díaz solicita suelo para la creación de una capilla junto a la que era de Los Llarena (Los Remedios) bajo la advocación de San Bartolomé. Esta capilla se situaba en frente de la Cofradía de La Candelaria y a través de ella se abrió la puerta lateral hacia la calle de san Agustín y la de Los Molinos actual calle Núñez de la Peña que le comunicaban con el camino en peregrinación hacia Candelaria. Por aquella época agustinos mallorquines y portugueses competían por la evangelización en tierras africanas. Mientras el adelantado llevaba a cabo racias en la costa africana, los agustinos llevaban instalados en esta costa más de un siglo. En una de estas incursiones victoriosas que el adelantado llevó a cabo en 1525 cogió prisionero al alcaide de Tagaost y a 80 miembros de su séquito que los mantuvieron prisioneros en La Laguna. Tagaost era entonces un importante enclave africano centro de caravanas que unían a Tombuctú con las costas mediterráneas. En cierta ocasión el alcaide africano vió a dos agustinos a los que quiso venerar, porque en su tierra se encontraba un santón momificado con el mismo hábito que era lugar de peregrinación. Interesado por lo que narraba el Alcaide, el Adelantado no dudó en enviar a una comisión para verificarla. Hoy en día sigue siendo un lugar de veneración de los musulmanes del lugar. Los padres Agustinos se adelantaron a describir los hechos que parecen entre sus orígenes ermitaños, no dudando en decir que se trataba del padre Tadeo que había pertenecido al convento agustino de La Laguna. Sin embargo, las fechas no coinciden y otra teoría dice que el fraile momificado se trataba de algún fraile mallorquín llamado Bartolomé dada la cercanía de Tagaost al puerto de San Bartolomé africano. Recientemente se ha identificado la población de Tagaost que había desaparecido en las arenas del desierto, pudiéndose situar el Puerto de San Bartolomé a la desembocadura del río Asaca que como bien decía Viera y Clavijo solo distaba 19 leguas de Fuerteventura.
La excursión que realizamos nos ha permitido constatar la cercanía a la que se encontraba las propiedades agustinas de la costa de Tejina con el monasterio del Espíritu Santo. Dicha costa tenía un puerto de San Bartolomé con un evidente valor estratégico tal y como lo describía Leandro Torriani y con una conexión al otro puerto de San Bartolomé, el africano. De igual forma también pudimos constatar la devoción mariana de estos agustinos, con la virgen de Gracia, o la del Socorro o con la referente Canaria de la Virgen de Candelaria, tal y como pudimos comprobar con la antigua pila bautismal de San Blas que podría ser la que se encuentra en la actualidad a la entrada de la Iglesia del Socorro. Esta devoción mariana ha estado presente en las fiestas de Tejina desde tiempo inmemorial, desde la novena de San Bartolomé coincidiendo con el 15 de agosto, día de la Asunción, como con el descanso de la fiesta grande el 25 de agosto día de San Luis Rey de Francia que según Primo de la Guerra era costumbre ir a las propiedades de los Padres de La Candelaria (predicadores) de Jover a darse un baño a la mar. Todas estas fechas marianas concluían un mes después con la octava de la fiesta de San Bartolomé en honor a la patrona de Tejina, la Virgen de la Encarnación, la verdadera fiesta devocional con historia, la Natividad de la Virgen María que nueve meses antes originaría la devoción a la Virgen de la Concepción. En este contexto se construye 10 años después la ermita de San Bartolomé de Tejina, En agosto de 1536 se llevó a cabo el contrato entre los hermanos Hernán y Vicente Gómez, hijos de Asenjo Gómez con el carpintero Francisco Hernández por la que se comprometía este último a terminar la techumbre de la ermita antes del 24 de agosto. Esta ermita de San Bartolomé de Tejina, daría nombre al puerto actual de Bajamar y Punta del Hidalgo, como puerto de San Bartolomé .

miércoles, 28 de agosto de 2019

Tejina, cruce de caminos





Un año más celebramos la fiesta de nuestro santo patrón, San Bartolomé, una devoción temprana heredada del medieveo. Tejina, tiene por ello más de 500 años de una historia que requiere ser rescatada, interpretada y sobre todo divulgada.

Sin duda nuestra realidad física siempre nos condicionó. La rotación de la tierra se imponía y escogimos el camino lateral, el que nos llevaba de oriente a occidente, utilizando a nuestra estrella sol como principal señuelo. Es el camino natural, el que buscaba los nuevos pastos, el sustento. De esta forma se creó el Camino de Santiago sobre las piedras de otro más antiguo que veneraba las estrellas del Finisterre, origen de lo que hoy conocemos como Europa. Sobre ese camino se plantaron árboles para dar sombra al caminante y sobre sus raíces surgieron nuevas obras de madera y piedra que jalonaron y dieron vida al camino.

Nuestra realidad insular es algo diferente y el camino natural nos lo impusieron los vientos alisios, aquellos que permitían el tornaviaje y nos unía a nuestras islas hermanas, Cuba y Puerto Rico. Tenerife y Cuba formaron parte de dos extremos de una misma ruta que acercaba tres continentes. Sus puntos de aguada dieron lugar al Camino de San Bartolomé en la época dorada de iberia, aquella en la que yendo Portugal y España de la mano, al Atlántico recibía el sobrenombre del “Mare Clausum”, el mar cerrado, en el imperio  donde nunca se ponía el sol.

Si los caminos de este a oeste constituyeron el camino natural los que unen el norte con el sur se me antojan los aventureros, los que tomaron Cook en su búsqueda del polo norte o Livinstong para adentrarse en el  África profunda. Unos y otros, ésos caminos terminan confluyendo y en sus cruces, allí donde el árbol lograba enraizar, surgiría la civilización que siempre necesitó grandes dosis de pragmatismo que le evitasen tomar los senderos que conducían al abismo. Tejina, a igual que Canarias, cruce de tres continentes  debió de estar destinada a grandes logros como lo fueron Singapur o Estambul y pese a ello, caímos sumidos en un estancamiento sin parangón. Fueron nuestras diferencias muchas de ellas inducidas desde la metrópoli las que nos desgastaron hasta el astío. Conocer la historia nos permite alejarnos para tener una panorámica más global y poder entender nuestra existencia. Desconocerla, por el contrario, nos convierte en carne de cañón de manipuladores y falsos profetas.







La leyenda aurea nos describe como San Bartolomé y San Agustín iban de la mano. Fue San Ambrosio el que convenció a San Agustín para que abandonase sus tendencias maniqueas y el que le comentaba que sólo San Bartolomé equiparaba en importancia a San Pablo.

A ambos santos nos lo encontramos en Londres en la rivera del río Thámesis y de la mano de los agustinos de la iglesia de Gracia en Lisboa  llegaron a la Iglesia San Agustín en Laguna. Las tierras de los Llarena y de los Grimón, en la confluencia  de los barrancos del  Infierno con Las Cuevas sirvieron a los Dominicos para erigir una ermita con un santo de su devoción, San Gonzalo. Hacia la costa tenían en cambio los agustinos su particular huerta en Tejina bien irrigada con las Aguas de Dios y cerca del Puerto de San Bartolomé.

Este trayecto de Lisboa a La Laguna lo siguió también Leonardo Torriani, el principal ingeniero de Felipe II. En plena preparación de la guerra contra el Inglés fue enviado para reforzar nuestras defensas sin recibir la colaboración requerida por parte del Concejo lagunero. Así, algo desorientado instaba al Cabildo que hubicara la situación del puerto de San Bartolomé al comentar que le había llegado rumores de que “entre la punta del Ydalgo y la de Naga ay un puerto o plaia de la Madera a donde con mucha facilidad y bonanza puede desembarcar mucha jente de golpe y venir marchando a esta Ciudad …” Quien sabe si fruto de esa desorientación confundió el nombre de la ciudad a la que denominó San Bartolomé.

La tradición ermitaña de los agustinos les había hecho aventurarse por tierras africanas con anterioridad a su asentamiento en Canarias. Allí se mantienen, a día de hoy, los restos venerados de Bartolomé el santón agustino ya descritos por diferentes historiadores, en la ribera del río Assaca que como bien decía Viera sólo distaba 19 leguas de Fuerteventura.





Las arenas del desierto se prestan a estas historias en la que se entremezcla la realidad con la ficción pero hacer desaparecer bajo las mismas una población de 30.000 habitantes como era la de Tagaost se me hacía muy dificil de entender. Fueron los funcionarios consulares españoles que aún mantenemos en el Aiún los que me facilitaron la labor de búsqueda. Lo que no esperaba encontrarme era parte de nuestra historia, la del Sahara Español, congelada en el tiempo donde el color de banderas andalucíes sustituían el blanco original y donde un francés muy  internacional, Antoine de Saint-Exupéry adquiría el mayor protagonismo. El piloto del “Principito”, ese que se instaló en Punta de Juby porque durante un tiempo trasportaba el correo siguiendo la ruta Tolouse-Tetuán-Sahara-Senegal, comenzó su carrera literaria en esos parajes y es el mejor ejemplo de que esos cruces de camino, esas rutas de norte a sur, se han perpetuado a lo largo de los siglos. Tejina no haría mal recordando una de sus frases más reconocidas


"No se ve bien sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos"


viernes, 23 de agosto de 2019

LOS CORAZONES DE TEJINA, 200 años de una devoción ancestral







            Hace 60 años, Don Adolfo González Rivero fue entrevistado por el periodista Vicente Borges en su vivienda de Tejina. Fruto de esa entrevista se publicó un artículo en el periódico La Tarde del 13 de agosto de 1959, bajo el título “Tejina, religioso y agricultor” en él  se describía a los dos principales iconos del pueblo,  la Virgen de Dolores que entonces se atribuía a Luján y los Dos Corazones como la principal manifestación popular de ofrenda a San Bartolomé por los bienes recibidos. Tres años después don Adolfo o “Adolfo el Tejinero” ,como se le conocía en resto de la isla, fallecía a los 79 años de edad recibiendo las exequias en su misma vivienda tejinera tal y como siempre manifestó que era su deseo. Esa casa solariega  situada enfrente de la iglesia, que antaño perteneció al párroco Santiago Raymond Quintero y Estévez, siempre sirvió como lugar de reuniones decisorias de los intereses del pueblo como las que se mantuvo con el alcalde de Santa Cruz García Sanabria, cuando se decidía la segregación de Tejina del ayuntamiento lagunero.            Leer con detenimiento el artículo nos revela su deseo de que determinados aspectos que conocía por tradición familiar fuesen recogidos para la posterioridad. Él manifestaba claramente que los corazones de Tejina cumplían ese año 140 años de historia, lo que situaba sus orígenes en el año 1819, el mismo año de la creación de la Diócesis Nivariense. Don Adolfo era concuño de Leoncio Rodríguez y por tanto  un buen conocedor de la prensa mediática, de esta manera  Vicente Borges relataba que aquella era una charla con un viejo caballero  que de igual manera que era capaz de enseñarle a un mozo como se “agarra” en un terrero de lucha también le podía enseñar cómo escribir una crónica con sal y pimienta. Esa vinculación con la prensa se remontaba, a igual que los Corazones, a la época de  su abuelo Tomás González Rodríguez, alcalde pedáneo, primo y vecino del senador don Gregorio Suárez Morales, compañero de  revoluciones isabelinas de Pedro Mariano Ramírez, cuando los pasquines daban  paso a los diarios en la primera prensa de hierro que  llegaba a la isla, la, imprenta La Isleña de la calle del Castillo en Santa Cruz.            Adolfo González Rivero había sido concejal del ayuntamiento lagunero en los últimos años de la restauración borbónica, una tradición política la de los González, que había iniciado Gregorio Suárez en 1841 cuando fue nombrado alcalde de La Laguna. Don Adolfo fue el tejinero que en 1926, en plena resolución de la crisis canaria por la división provincial, propició el primer intento de segregación de Tejina del ayuntamiento de La Laguna.







            Situar el origen de los Corazones de Tejina a comienzos del siglo XIX[i] , convierten a la fiesta en una de las expresiones populares más antiguas de Canarias que se han mantenido con carácter de continuidad. Es una fiesta que el Catedrático de Historia de América Manuel Hernández[ii]  considera que deriva de las octavas de las fiestas del Corpus que acompañaban a todas las fiestas patronales como las que se daba también en La Laguna en la Iglesia de San Agustín por el mes de septiembre. Una celebración de octava de  Corpus nuevamente confirmada por Juan Luis Herrera y Miguel López (artículo en prensa )[iii] que ya se llevaba a cabo desde al menos dos siglos antes [iv]. La complejidad que han adquirido los corazones de Tejina en comparación con otros de características similares como los de Güímar o los del Sauzal[v]   sólo lo explica un proceso de mejora continua buscando la perfección de las formas y reafirmando su esencia a lo largo del tiempo.
            La iglesia de la ilustración, al querer dar más rigor a los actos litúrgicos, sacó del interior de las iglesias estos actos de ofrendas frutales que se venían haciendo desde antaño en Tejina. En nuestro caso adquirió el formato de tablero y probablemente la tradición mariana propia de los frailes agustinos le dieron la forma de corazón.
Es en este contexto temporal del siglo XIX y espiritual, tanto mariano como sacramental es en el que creemos deben interpretarse los corazones de Tejina.
La fiesta del Corpus, la fiesta del pan y del vino como cuerpo y sangre de Cristo es un aspecto más del sincretismo de religiones, de fusión de culturas que tienen origen en otra fiesta pagana de exaltación a la vida.
La exaltación romana de la vegetación la podemos contemplar en el Ara Pacis, el altar que Octavio Augusto construyó tras conseguir la Paz Romana. su decoración mayoritaria a base de plantas que llega a cubrir las dos terceras partes de su estructura [vi]. Para los romanos los vegetales era mejor manera de representar el resurgir de la vida tras la incertidumbre del invierno, la organización de la vida a través de la materia inerte. La resistencia de las esporas del helecho macho (Pteridium aquilinum) ante los incendios las convierten en el primer ser vivo que surge tras la cenizas. Del Acanthus central, otra planta que en verano se seca y parece resurgir tras el invierno, parten las diferentes revolutas de apéndices de helecho. Del Acanthus central parte también una de las pocas figuras animales, un cisne cantor en una clara alusión a Apolo, el Dios de la verdad, el dios sol, el dios uno, al que se le solía representar un sol radiante detrás de su cabeza.






La Iglesia protocristiana de San Clemente en Roma guarda en su interior la evolución que tuvo esta iconografía en los primeros años de cristianismo. Las revolutas de helecho son sustituidas por las de vid, en clara alusión a la sangre de Cristo mientras que del Acanthus surge la Cruz de Cristo. En los sótanos de la iglesia existe la mejor representación de la religión mitraica de orígen oriental en la que la carne nunca se comía , en su lugar se empleaba el pan y el vino.
Esta fiesta requería un contexto apropiado y fue cuando aparecieron las influencias romanas con la creación de bosques artificiales y la presencia de arcos y estructuras arbóreas. El propio Sabino Berthelot [vii] nos describe este concepto en Canarias a su paso por Güímar:

Los árboles, plantados simétricamente al paso de la procesión, formaban alamedas regulares y se extendían como un laberinto por las calles adyacentes. Güímar presentaba aquel día el aspecto de un pueblo alegre divirtiéndose en medio de jardines recién creados por un poder mágico

Para los romanos el bosque tenía un valor sagrado y el árbol venía a significar la unión entre lo terrenal y lo celestial. Acebos y hayas eran los más utilizados. El haya o faya en su traducción portuguesa, es el máximo exponente de nuestro monteverde, el fayal-brezal. Su presencia siempre estuvo acorde con los usos tradicionales de la economía campesina debido a su gran capacidad para crear masa arbórea en poco tiempo utilizándose como leña, como ramaje para alimento  y cama de ganado [viii]. La Mírica faya junto con el Brezo (Erica arborea) dan nombre a nuestro particular bosque sagrado como en Europa lo hace el Haya (Fagus sylvaticus) con su porte blanquecino.






El concilio de Trento vino a reforzar las devociones sacramentales y marianas como réplica a las tesis protestantes. En la edad contemporánea,  jansenitas y eudistas se enzarzaron en una disputa teológica que tuvo en San Agustín, un personaje de la edad antigua, y su corazón a su principal protagonista. La celebración del sagrado corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María se lleva a cabo el viernes y sábado siguiente al Corpus y la copatrona de Tejina, la Virgen de la Encarnación representa la unión física de ambos, la que da origen al gran dogma cuando el verbo se hace carne

En Tejina dos frailes secularizados tras las desamortizaciones uno franciscano,  Pedro Linares del Castillo y otro agustino José Nicolás del León y el párroco más duradero (1859-1897) Eduardo Fausto de Mesa principal impulsor al culto del Purísimo Corazón de María, devoción del Monasterio franciscano  de las Monjas Claras los que pudieron condicionar la forma final de los corazones de Tejina. La devoción a la Virgen de Dolores se tenía en Tejina desde el siglo XVIII con la Cofradía de la Virgen de Dolores. El auge concepcionista que supuso la bula papal Inefalibilis Deus, dictada por Pio IX un 8 de diciembre de 1854 le dió un espaldarazo a la devoción mariana que se había reiniciado en Tejina con la creación de la Cofradía del Corazón de María en 1852.









Charbonneau[ix]   en su estudio sobre la simbología cristiana nos explica el significado del doble corazón al describir el corazón de Poitou, cuna del cristianismo francés y enclave estratégico de la ruta jacobea que une el norte de Europa con Santiago de Compostela en su ruta más occidental. Utilizando un molde de cerero que pertenecía al notario Houdalille describía cómo los dos brazos de corazón habían sido suprimidos para dar paso a dos monogramas de forma antigua IHS, Ihesus y MRA, María. Para ampliación cada uno de estos dos corazones está también representado: por el sol el de Jesús y por la luna , el de la Virgen. Bajo los Corazones Sagrados figura un corazón de fiel inflamado por el ardor de su piedad.
Sobre un fondo de haya como árbol sagrado que adquiere forma acorazonada se dispone el pan en forma de torta y la  vid en forma de fruta. En toda fiesta de Corpus un corazón representa la esencia del cuerpo mismo de Cristo. Con esta interpretación las doce tortas del Corazón de Tejina corresponderían con las doce llamas que aparecen dentro del corazón de Poitou y vendrían a representar las llamas sobre la cabeza de los Apóstoles en pentecostés. La paloma como símbolo del Espíritu Santo siempre aparece en la parte superior lo que equivaldría al ramo de flores mientras que las siete flechas abanderadas vendrían a representar los siete dolores de la Virgen María.



[i] Huberto Suárez -Hernández. Los Corazones de Tejina ¿Hacia los doscientos años del ritual?. Programa de las Fiestas de San Bartolomé de Tejina, 2016.

[ii]Manuel Hernández González. Los vegetales en las fiestas canarias a lo largo de la historia. El Pajar. Cuaderno de Etnografía Canaria II Epoca. nº20 Agosto 2005.

[iii] Oficio de Juan Suárez Morales contenido en el archivo de Osuna, caja 101, oficios de milicias.
[iv] Libros de cofradías del Santísimo Sacramento de la Parroquia de San Bartolomé de Tejina C-3.809, C-3.810, C-3.811, C-3.812 y C-3.813 del Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife.

[v] María José Ruiz y Guadalberto Hernández. Fiestas de San Bartolomé de Tejina.

[vi] Il codice botánico de Augusto. Roma. Ara Pacis.

[vii] Barker-Webb, P y Sabino Berthelot. La historia la natural de las Islas Canarias.

[viii] Maria Eugenia Arozena Concepción, Josep M. Panareda Clopés y Albano Figueredo. El papel de la Myrica faya como indicador de la dinámica del paisaje de la laurisilva en Canarias y Madeira. Avances en Biogeoografia, 2016 págs. 601-610.

[ix] Louis Charbonneau-Lassay. Estudios sobre la simbología cristiana. Iconografia y simbolismo del Corazón de Jesús.








domingo, 28 de octubre de 2018

En busca del principio activo, el destilador real





La combinación de la medicina con la filosofía no es cosa de la antigüedad, está plenamente vigente con las llamadas medicinas alternativas o complementarias como la medicina espagírica, basadas precisamente en las teorías de Paracelso.
Si los seguidores de Galeno combinaban en la triaca, más de 50 sustancias y necesitaban hasta 12 años de maduración, los de Paracelso se afanaban en cambio en buscar la esencia de la sustancia medicamentosa. Esta forma de pensar no la obtuvo  Paracelso por generación espontánea sino que otros le precedieron. De hecho los medicamentos compuestos de la farmacia galénica se solían obtener de plantas o medicamentos simples que demostraban actividad farmacológica. Estos principios activos se solían extraer utilizando agua ya fuese por inmersión (maceración), hirviendolas (cocción) o añadiendoles agua hirviendo (infusión).








Aunque la destilación o “arte separatoria” llegó a ser importante, su eficacia no se consumó hasta el siglo XIV coincidiendo con el desarrollo de la industria del vidrio y la profusión del uso de alcohol. Se le atribuye al catalán Johannes  de Rupescissa (1300-1365) el iniciador de tales técnicas con su libro “Consideraciones sobre la Quintaescencia” pero el gran desarrollo surgió con el alquimista alemán H. Brunshwig (1450-1512) y su obra el “Liber de arte destillandi de simplicibus” en donde describe sistemáticamente los aceite esenciales, su destilación y extracción de las plantas que lo producen, y de indicaciones sobre sus aplicaciones farmacológicas. Esta fue la situación que se encontró Paraceslo (1493-1541) y sus seguidores iniciadores de la iatroquímica o química médica que representó la transición entre la alquimia y la química. Libavius (1550-1616) alumno de Paracelso escribe Alchemia (1593) al que se considera el primer texto de química. Libavius define al alquimia como “El arte de perfeccionar los precipitados y extraer esencias puras de los cuerpos mezclados por medio de la separación de la materia”.







La destilación pretende la separación de unos líquidos de otros en base a sus diferente puntos de ebullición y se le atribuye a un alquimista florentino del siglo XII Tadeo Andreotti (1210-1295). La destilación es a día de hoy una técnica tremendamente importante tanto a escala de laboratorio como industrial. El siglo de oro español, con Felipe II como rey, contribuyó en gran medida a su desarrollo disponiendo el monasterio de San Lorenzo del Escorial del laboratorio de destilación más importante de la Europa renacentista.







La leyenda negra sobre el catolicismo exacerbado de Felipe II ha dejado de lado su especial relación con la alquimia, la destilación y el paracelsismo. Esta demostrado que entre 1557 y 1559, durante su estancia en los Países Bajos la secta de los Charitatis trabajaron a su servicio en los ensayos alquímicos, construyéndose los “hornillos” necesarios. La práctica regular de las destilaciones se efectuó tempranamente en los jardines de Aranjuez y José de Sigüenza narra en la Historia de la Orden de San Jerónimo (1605) como el laboratorio de destilación fue construido por iniciativa personal de Felipe II, hablando con admiración de sus 11 habitaciones, “con que se hacen  mil pruebas de la naturaleza y que con la fuerza del arte del fuego y otros medios e instrumentos descubren sus entrañas y secretos” utilizando toda la experiencia medieval de los monjes sobre plantas medicinales y de otra índole. Está descrito por ejemplo cómo se utilizaban el betún para calafatear los canalillos de la construcción del Monasterio del Escorial. El médico Juan Alonso de Almela describió los tres principales aparatos. El primero que disponía de 26 vasos de vidrio estaba diseñado para obtener la quintaescencia. El segundo o torre filosofal era el principal instrumento para destilar aguas de toda clases. En 24 horas se extraía más de 200 libras de aguas destiladas de las hierbas que se colocaban en ellas. El tercer aparato era el más importante, ideado por Diego de Santiago (1537-1590) que fue la personalidad científica más destacada que publicó hacia 1588 su “Arte separatoria y modo de apartar todos los licores, que se sacan por vía de destilación para que las medicinas obren con mayor virtud y presteza” en el que describía, entre otros, un destilatorio de vapor de su invención que conseguía destilar hasta 90 libras por hora. El aparato consistía en una caja compartimentada en la que se colocaban los vasos de vidrio y por la que circulaba el vapor de agua. Ya recomendaba entonces que los vasos debían ser de vidrio y boca ancha y de fondo no redondo para evitar los precipitados. Se tendría que esperar a 1861 a que Richard Emil Erlemeyer (1825-1909) inventase uno de los instrumentos más utilizados en el laboratorio el matraz Erlenmeyer.