domingo, 31 de mayo de 2015

La importancia del agua en el origen de Tejina

El agua es una sustancia imprescindible para la vida, hasta el punto de que cuando se
quiere demostrar su existencia se recurre a la búsqueda de esta molécula de características únicas. Los asentamientos humanos se hicieron por el mismo motivo siguiendo sus cauces  y el pueblo de Tejina no fue una excepción. Uno de los primeros heredamientos de agua de que se tiene constancia en Tenerife se le concedió al portugués judeoconverso Asenjo Gómez el 10 de noviembre 1503. La descripción que se hace de esta data de repartimiento “dos manaderos de agua, que son en Tegueste, encima de una casa vuestra, al pie de la Fortaleza de Tegina “ (1), la sitúan todos los historiadores en  la Fuente y el Chorrillo del barranco de Tejina. Lo que llamamos El Riego es sin duda el origen del asentamiento humano que ha constituido este pueblo, de igual forma que lo fue para el pueblo guanche, tal y como lo demuestra  los restos arqueológicos del Barranco Aguas de Dios, cuyo nombre según Juan Bethancourt Alfonso mantiene incluso su toponimia originaria de Diios, por lo que debería pronunciarse como Diyos. En 1847 Antonio Pereira y Pacheco en su Municipalidad de Texina (2) añade que hay dos recipientes uno para el consumo humano y otro para el ganado y regadío así como otra fuente más abajo en el llamado barranco de Milán, desembocando al final en el mar.
Terminada la conquista de Tenerife, la primera visitación que hizo el Concejo a la comarca, se llevó a cabo en 1542 en la entonces ermita de San Bartolomé. Establecían las viejas ordenanzas (3) que cuando un pueblo distaba más de dos leguas (aproximadamente 10 kilometros o dos horas de camino a buen ritmo) irían 2 regidores con la justicia al menos una vez al año cobrando tanto el regidor como el escribano 200 maravedíes. A esta primera visitación asistieron los 10 notables de la comarca actuando de secretario Bartolomé Gómez de Tejina y de presidente su suegro Diego Alvarez de Tegueste. Bartolomé Gómez, hijo de Asenjo Gómez y nieto materno de Gonzalo Gonzales era una de las personas más influyentes de  la comarca, alguacil en 1538 cuando se nombra alcalde a su suegro. Al menos otros dos tejineros estaban entre estos notables, su cuñado Domingos Landín y su tío materno Juan González el herrero. Por ello la mayoría de historiadores coinciden en considerar a Gonzalo González y su yerno Asenjo Gómez como los auténticos fundadores de Tejina. El principal tema tratado en esta visitación  fue la contaminación del agua que provocaba Lope Hernández y Francisco Ximénez de Tegueste (4) .Tres siglos antes de que Luis Pasteur y Koch iniciasen la microbiología médica y con ella tiraran por tierra la teoría de la generación espontánea, el enriado del lino, que se hacía barranco arriba, se constituía en el primer problema para los vecinos ya que se sabía alteraba gravemente la salud de las personas y el ganado. Se creía entonces que la transmisión de la enfermedad se llevaba a cabo a través del aire con la formación de los miasmas. Comentaba el boticario real D. Manuel Hernández de Gregorio (5)
a finales del siglo XVIII que

No solamente no conviene beber el agua de las balsas interin se macera el lino, sí que también deben estas colocarse en parages que no puedan perjudicar á la salud pública con las emanaciones que de ellas salen; pues ha demostrado la esperiencia que producen calenturas intermitentes de mala especie. Ademas de colocar dichas balsas en sitios opuestos al corriente de los vientos que generalmente reinan en el pais, se cuidará establecerlas á distancias proporcionadas unas de otras, evitando asi la reunión de los hálitos de todas, y la infección general de la atmósfera, que podría perjudicar á los pueblos vecinos. Lo mismo debe entenderse respecto de las balsas en que se macera el cáñamo ú otro vegetal cualquiera.

En un territorio recién conquistado  las devastadoras epidemias provocaba que la ausencia de enfermedades fuese el bien más preciado y la putrefacción del lino, y la pestilencia consecuente en los estanques, una de las actividades más controladas. En ese caso se decidió que en lo sucesivo dicha actividad sólo pudiese efectuarse en el barranco de Nuestra Señora de los Dolores, otras veces llamado del Hospital de la Misericordia (Tejina) y en de los Velasco (barranco del Pico) y se elaboraron ordenanzas tendentes a proteger la acequia de Tejina y a actuar como Alcalde de Aguas. Con toda probabilidad la denominación del enriadero de Milán con su cruz característica son vestigios que han quedado de tal actuación.  No es de extrañar que los cursos de agua sobre los que se estaba constituyendo Tejina adquiriesen nombres característicos como el barranco de Ntra. Sra. De los Dolores o de San Sebastián, el mismo nombre de los dos hospitales de la isla que también se encontraban barranco arriba, en la Ciudad de San Cristóbal.      
La ausencia de pozos que impedían que  bajara el nivel freático hasta los niveles actuales provocaba que la visión que entonces se tenía del paisaje en relación a los acuíferos naturales fuese diferente del actual. Según  Pereira y Pacheco en el pueblo existían otras fuentes como las de Milán, barranco abajo o el de Arico que le servía a Gregorio Suárez  para plantar nopales y la obtención de cochinilla en su mejor época, o en el barranco Perdomo que también fue origen de los primero repartimientos de agua y tierras, sobre todo entre portugueses y de las islas orientales. Asenjo Gómez, padre de Bartolomé, hábilmente empleó sus conocimientos de su tierra originaria para dedicarse al cultivo de la vid en regadío (6). A diferencia de lo que ocurría en Andalucía o Castilla los portugueses estaban más acostumbrados al cultivo en la ribera del río. Para su cultivo se requerían acequias que se hacían de madera como las de la isla portuguesa que lleva su nombre, la actual Madeira.  Si bien las primeras se extraían de los montes más cercanos, empleándose sobre todo el Barbusano, rápidamente su consumo necesitó ser regulado  importándose la tea del pino canario. Las heredades de viñas podían disponer de otras instalaciones relacionadas con el agua como las aceñas (molinos de agua). Aunque su función estaba orientada a la molienda de cereales los viñateros que tomaban a renta estas heredades se veían obligados a atenderlos. Una muestra de estas aceñas la podemos contemplar hoy en día en el característico cubo de vaso en la ladera de la Tejinetilla  que fabricado de  argamasa y cantería y de forma troncocónica  servía para dar altura al agua. A través de una salida estrecha o bocín el agua salía a suficiente velocidad para golpeando las cucharas o alabes hacía girar las ruedas y el eje que acoplado a la piedra o muela superior trituraba el grano (7)   
            La antigüedad de estos heredamientos esta documentalmente contrastada, como de
igual forma lo está la figura necesaria para mantener la regulación y el buen uso de los mismos a través del Alcalde de Aguas como consta requiere mantener Juan Estévez frente al Cabildo en virtud a una provisión de una Real Audiencia de Gran Canaria el 18 de julio de 1567. Las disputas por invasión de competencias entre La Laguna y Tejina data de fechas muy tempranas ya que no fue hasta 1833 cuando las competencias reguladoras de agua pasaron a los municipios. Hasta entonces regían la viejas ordenanzas que en su título X sobre aguas y abrevaderos citaba al Alcalde de Aguas de las heredades de agua, el cual se eligía entre sí todos los años en enero y juraría ante el Alcalde y el escribano que hará su oficio bien y fielmente (8).
           
Sin embargo, hay que esperar hasta  la segunda mitad del siglo XIX para que surjan los heredamientos de agua con el concepto de comunidad de regantes que tenemos en la actualidad. Es en 1850 cuando consta que aparece la primera comunidad de Aguas de Tejina como una iniciativa de Gregorio Suárez. Aunque su documentación originaria está perdida hay en cambio copias más actuales con listados de los diferentes derechos y se debe de destacar  que es tres años más antigua  que la que se considera primera comunidad moderna  de la isla, “Las Aguas”  de la Orotava que se constituyó en 1853 (9). De la importancia de estas iniciativas da fe la denuncia ante el Ayuntamiento a la que estuvieron abocados a presentar los vecinos de Tejina y Valle de Guerra en defensa de la utilización de la fuente de Milán en 1878 (10). El agua fue siempre vital, sobre todo en épocas de sequía, y para La Laguna que a pesar de su nombre era completamente de secano, Tejina se constituía en su perla, el pueblo que cultivaba en regadío.


BIBLIOGRAFIA
1.-AMLL, Datas, OI.1.XXXVI,doc36, pag.216.
2.-Pereira y Pacheco, A.: Muncipalidad de Texina, BMSCT, Ms, 56.
3.-Peraza de Ayala, J.:Las antiguas ordenazas de la Isla de Tenerife. , título JX.
4.-Baez Hernández, F.: La comarca de Tegueste (1497-1550). Un modelo de la organización del espacio a raiz de la conquista.
5.-Alonso Herrera, G.: Agricultura General, pag 185.
6.-Martínez Galindo, P.M.. La vid y el vino en Tenerife, pag 96.
7.- Gómez Gómez, M.A.: La industria del agua: molinos sierras y batanes. Actas de las I Jornadas “Prebendado Pacheco” de Investigación Histórica.
8.- Alcalde de Aguas. AMLL, P-XII-20.


jueves, 7 de mayo de 2015

San Juan Bautista, el icono olvidado

Narrar el siglo XVII resulta  más complicado que  los demás porque es el siglo que se encuentra entre las Datas de repartimiento del siglo anterior y los primeros censos que aportó el Siglo de las Luces. Hacerse una composición de lugar requiere saber reconocer el espacio. El problema surge en el mismo momento que la dispersión del medio centenar de familias que constituía entonces Tejina provocase que ésta no se reflejase en los planos. Tenemos que recurrir para ello al plano del Prebendado Antonio Pereira y Pacheco que creado dos siglos después utilizó  datos de un cronista del siglo XVII  Juan Núñez de la Peña (1).
        De igual forma que le ocurrió a Viera y Clavijo, El Prebendado Pereira y Pacheco, en su últimos años de ejercicio profesional, abandonó la ciudad de La Laguna, su ciudad natal, y se retiró a un lugar más humilde, la Parroquia de Tegueste. Tal era la pobreza de este pueblo que él mismo narraba que ni pósito tenía. A este clérigo ilustrado le debemos un plano en el que sitúa las principales calles de Tejina coronado por las tres principales ermitas que citaba Núñez de la Peña, San Bartolomé, San Sebastián y San Juan. La advocación a estos tres santos protectores nunca fue caprichosa, protegía sobre todo del hambre y de la enfermedad.
        Aunque el siglo XVII  fue el siglo de oro español y, con Felipe IV gobernando, se recogían los frutos culturales de una hegemonía europea, Canarias era aún frontera recién conquistada donde el analfabetismo y la superstición era lo que más prodigaba. Conquistadores y evangelizadores seguían yendo de la mano. San Bartolomé, santo de endemoniados y epilépticos, era el protector del Hospital del Espíritu Santo (2) que terminó fusionándose con el de Los Dolores (la que fue Casa de Socorro) y San Sebastián el protector  del Hospital que lleva su nombre (el actual Asilo de Ancianos). Eran por tanto los santos de los únicos dos hospitales de la isla. No es de extrañar que frente al número dos, que más que diálogo denota confrontación, se afanasen por buscar al tercero en la discordia. Frente a otros santos protectores de la enfermedad como San Lázaro o San Roque es evidente que el más codiciado por los evangelizadores era San Juan Bautista.
        El número tres siempre fue un número especial. En la cultura medieval cristiana significaba el movimiento continuo y la perfección de lo acabado. La Iglesia Cristiana de occidente, abandonó la circunferencia y su connotación central, como la observada en la Iglesia de Santa Sofía, por las  tres naves romanas. Esta significación arquitectónica del número tres ha llegado a nuestros días con el carácter indeformable que tiene triangulo observado en las cúpulas geodésicas de Füller que tanto han influido en la arquitectura postmoderna.
        Según observamos en el Plano de Pereira, Tejina tenía sólo dos calles la calle que iba para arriba y la calle que iba para abajo. Tejina nunca tuvo la tercera Calle del Medio de la que sí dispusieron otros pueblos como Garachico o Arona.
La Calle de Arriba conducía a través del  Calvario y la Ermita de San Sebastián (actual cementerio) a San Gonzalo. Tal y como cita Núñez de la Peña, Tegueste Nuevo o San Gonzalo estaba entonces bajo la jurisdicción real de Tejina y la ermita de la Virgen del Socorro era el verdadero centro de vocación mariana de toda la comarca y de gran parte de la isla. La Calle de Abajo  conducía a la Ermita de San Juan Bautista en Bajamar una de las construcciones más antiguas de toda la comarca junto con la Iglesia de San Bartolomé. Esta ruta devocional de Calle de Arriba y Calle de Abajo tenía  también un evidente valor comercial ya que era la ruta de desembarco de los caldos de Amaro Pargo en San Gonzalo y de la Viña Grande de Asenjo Gómez en El Riego. Como decía Rumeu de Armas (3) la piratería y el comercio siempre tuvo estrechas vinculaciones.
La relación que tuvo desde sus orígenes la ermita de San Juan y la de San Bartolomé lo atestigua su patronazgo. Construida la ermita de San Juan en 1628 por María y Catalina de Vargas, antecesores de los Tabares, se le otorga patronato en 1638 a Juan de Vargas Cabrera Capitán General de Cumaná (en la actual Venezuela). Casó con Gracia Jerónima hija de Bernardo Lercaro y Jacobina Westerling benefactores del edificio del Arca de la Misericordia de Tejina.  Es una huella genovesa y flamenca temprana  la que tenemos en Tejina con esta cuarta generación de Lercaros afincados en Canarias casados con los Westerling. La Alhóndiga, como la conocemos en Tejina, de iniciativa exclusivamente vecinal y eclesiástica, es la que caracterizó el espíritu cooperador de la Tejina del siglo XVII. Sus estatutos y su carácter abierto son un ejemplo para el propio  Olivera (4), el cual cita como otro de los benefactores al Alférez Francisco Suárez de Armas que tal y como reza en su hoja de servicios era responsable de la custodia de los embarcaderos de la costa de Tejina (Bajamar) y Punta del Hidalgo.
El espíritu comercial de Tejina le viene por tanto desde antiguo y no puede estar mejor representado que en la forma de adquisición que Lorenzo Santana (5) postula para la imagen del Santo Patrón de San Bartolomé. Gaspar Hernández Cocón, alcalde de Tegueste y Tejina, mediante escritura de obligación de tornaviaje a las Indias requiere el 28 de febrero de 1584 de Diego López, zapatero, vecino de La Laguna, una imagen Sevillana de San Bartolomé abonándole en especie con una bota de vino de nueve doblas de oro castellanas de 500 maravedíes cada una de ellas, con la esperanza que la pericia comercial de Diego López le permita intercambiarla en las Indias por mercancía que puestas en el puerto de Sevilla alcancen las 50 doblas requeridas para la adquisición. Se confía por tanto en la colaboración desinteresada del intermediario invirtiendo para ello un quinto del valor real de la mercancía.
El acto principal de las fiestas de Tejina en el siglo XVIII era la Librea. acto de ofrenda al santo que conmemoraba la victoria de Lepanto a imitación de lo que se hacía en Sevilla. Como ya citaba en su diario Juan Primo de la Guerra, vizconde de Buen Paso (6), esta librea era igual que la de todos los pueblos pero enlucida con la presencia física del Regimiento de Ultonia, mercenarios irlandeses afincados en Tejina que vinieron con Cagigal. El cambio de una sociedad militar por otra agrícola y la marcha del Regimiento de Ultonia durante la Guerra de la Independencia dejaron sin sentido este acto festivo que estuvo vigente hasta principios del siglo XX.
Las fiestas de Tejina y su acto de ofrenda de los Tres Corazones a San Bartolomé simboliza esta ofrenda a tres bandas de la tradición renovada de la Librea del siglo XVII. Según narra la tradición oral que me ha llegado de mi abuelo a los corazones de la Calle de Arriba y de la Calle de Abajo se le unía entonces el de Bajamar. Aunque existe controversia en este último aspecto lo que sí parece contrastada era la participación de Bajamar en los actos litúrgicos junto con la Calle de Arriba y  La Calle de Abajo hasta ya entrado el siglo XX. Una terna devocional que tenía como puerta de entrada a la ermita de San Juan, una puerta a los embarcaderos de la Punta que de igual forma que servía para dar entrada al comercio también lo hacía para la enfermedad.

REFERENCIAS

(1 Nuñez de la Peña, Juan (1676). Conquista y antigüedades de las islas de la Gran Canaria y su descripción, con muchas advertencias de sus privilegios, conquistadores, pobladores, y otras particularidades en la muy poderosa isla de Thenerife, pag 339.
(2) Baez Hernández, Francisco. La comarca de Tegueste (1497-1550). Un modelo de la organización del espacio a raiz de la conquista,  pág 143.
(3) Rumeu de Armas, Antonio (1945) Piratería y ataques navales contra las Islas Canarias.
(4) Rosa Olivera,Leopoldo de la. Noticias históricas de la Parroquia de San Bartolomé de Tejina. Revista de Historia, número 62. Abril-junio de 1943.
(5) Santana Rodríguez, Lorenzo. Consideraciones en torno a las pautas en los encargos de las esculturas de carácter religioso en Canarias durante el Quinientos. Estudios Canarios LVI (2012), pag 132.

(6) Rosa Olivera, Leopoldo de la,. Diario de Juan Primo de la Guerra.

martes, 21 de abril de 2015

Militares, atalayas y fortalezas

Tejina, con su atalaya y sus embarcaderos se constituyó desde sus orígenes en un punto estratégico en la defensa y en el desarrollo de La Laguna que tuvo su momento álgido a finales del siglo XVIII, coincidiendo con la llegada de Nelson.

Cuando hace cien años se le denominó  a la Gran Guerra, la Primera Guerra Mundial, no se tuvo presente que doscientos años antes hubo otra que también fue internacional y afectó a varios continentes, la Guerra de Sucesión al trono Español que concluyó con el tratado de Utrecht. Para España se convirtió en una auténtica guerra civil que acabó focalizándose entre los reinos de Castilla y  de Aragón y tuvo como coletazo final el asedio de Barcelona de 1714, la desaparición del Reino de Aragón y del concepto de monarquía federal de los Habsgburgo. Carlos II, el Hechizado, dio paso a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV, el rey del Sol francés y por tanto a la nueva dinastía borbónica con el nombre de Felipe V. Toda Europa se estaba disputando las propiedades del ya decadente Imperio Español y los intereses comerciales con américa. En esta situación tanto Canarias como las colonias de ultramar se vieron más aisladas que nunca.

El siglo XVIII fue una época cargada de incertidumbres y pesadumbres para la población canaria como lo demuestra la veintena de rogativas que se produjeron en el siglo. A las continuas hambrunas derivadas de las sequías, se unieron las plagas de langostas, todo ello seguido de una sucesión de erupciones volcánicas nada usuales. La primera de esta erupciones se produjo en 1704 en Güimar, continuó con el de arenas negras de Garachico en 1706 que inutilizó su puerto y terminó con el de Chaorra o Narices del Teide. Estos fenómenos fueron generales tanto en Canarias, como en América, describiendo Anchieta una situación peculiar con el tsunami observado en Bajamar.

La incomunicación que se tenía con la metrópoli hacía que las ilegalidades estuviesen institucionalizadas de tal forma que el contrabando y la piratería eran situaciones cotidianas. A pesar de todo, el principal temor que se tenía era con el pirata berberisco. En 1702, de un total de 482 esclavos rescatados de las mazmorras argelinas 98 eran canarios. Era un sociedad violenta, donde el asesinato con arma blanca y el envenenamiento era lo que más se frecuentaba. José de Anchieta nos describió con todo lujo de detalles estas situaciones. En 1796 el tejinero Francisco Gabriel de Armas murió por ingerir sustancias venenosas, motivado por la relación que mantenía su mujer Antonia Hernández Armas con el criado Juan Galván. Ya se conocía por tanto la consecuencias que tenía el mal uso del aceite de ricino, extraido de las semillas del tartaguero (rininus comunis). Conocido desde entonces por sus propiedades purgantes y heméticas también se sabía de su fuerte efecto sobre el estómago.

El trato con la ilegalidad era por tanto moneda corriente para todos los estamentos sociales, no era extraño, por ejemplo, que una Capitanía General se trasladase a Tenerife por la mayor rentabilidad que proporcionaba el cultivo de la vid. Alvarez Rixo comentaba en “Hace un Siglo” de Prudencio Morales (1908) que habiendo embarcado 5 buques de guerra ingleses en el Puerto de la Cruz en 1808 el Marqués de Casa-Cagigal, Capitán General,  hizo acto de presencia en el puerto. Inmovilizando él mismo las embarcaciones y citando a  Napoleón bastaron 8.000 pesos para que todo quedara resuelto.

En esta situación de clara inseguridad parece desconcertante que la ciudad de La Laguna tuviese un diseño tan abierto sin aparentes barreras de defensa. La respuesta nos la da el mismo Leonardo Torriani, ingeniero militar encargado de las las defensas insulares en época de Felipe II.

“la ciudad está abierta por todas partes y no tiene ninguna clase de murallas para poderla proteger contra los enemigos, ni se ha pensado ninguna vez en fortificarla. Efectivamente, todas las defensas y fuerzas de estas islas deben estar sobre el mar, porque por otra parte el enemigo o no puede desembarcar sino en los puertos fortificados o que tienen guardia, o si desembarca en otros puntos, no puede emprender marcha ni a esta ciudad, ni a sus demás lugares y poblaciones. Además, por ser la ciudad tan grarnde y desordenada, costaría demasiado su fortificación, por más que sea débil y de poco bulto, de modo que no tratamos más de este particular”

Este concepto de fortificación en el mar lo podemos contemplar hoy en día en el Castillo San Juan Bautista, El Castillo  Negro  de Santa Cruz (junto al auditorio), uno de las cinco fortalezas que tenía este puerto para su defensa. A la sucesión de los castillos de San Francisco, San Cristóbal, del Cristo de Paso Alto y el torreón de San Andrés se añadía un sexto a la vuelta de las montañas de Anaga, el Castillo de Bajamar: La navegación de las embarcaciones  y su maniobrabilidad exigía seguir la dirección de los vientos de barlovento lo cual requería una invasión desde el norte, siendo la Mesa de Tejina  el mejor atalayero por tener visión directa con el otro extremo de la Isla, el puerto de Garachico.

La importancia de la Atalaya en la defensa de La Laguna lo atestiguan atalayeros documentados con nombres que nos suenan como Alexo Pérez (1620), Francisco González (1658) o José Hernández (1660). Estos puestos de vigilancia permitían la comunicación con Taganana y Santa Cruz a través de las atalayas del Sabinal, Tafada, Roque de Antequera y Punta de Anaga. El temor a desembarco inglés que se mantuvo durante todo el siglo provocó la construcción adicional de fortalezas que reforzaron esta línea de defensa, lo cual se materializó  con la construcción del  Castillo de Bajamar. Construido por el ingeniero Joseph Ruiz en 1771 formaba  parte de la batería de Tejina que capitaneaba Tomás Suárez de Armas, segunda generación de la saga de militares Suárez de Armas que iniciada por su padre Nicolás proveniente de Gran Canaria se asentó en Tejina a comienzos de siglo y la continuó su hijo Tomás Suárez de Armas y Delgado ya citado, su nieto Domingo Suárez de Armas y González y sus bisnietos  Gregorio y Juan Suárez de Armas y Morales.


Hubo en Tejina, por tanto,  una  tradición militar desde sus orígenes y continuó hasta el siglo XX, como aún nos lo recuerda el nombre de la calle en donde se ubicó el batallón desplegado por Franco tras la contienda civil. Tomás González Rivero hermano mayor de Adolfo, nieto de Tomás Glez. Rguez. fue Consejero del Cabildo y el primer presidente de La Música. Este comandante  después de una carrera militar intachable que le llevó por África y Puerto Rico decidió abandonar por negarse a disparar a la población tras la trifulca producida el Viernes Santo de 1893 (1) en Santa Cruz, al oponerse la población al decreto que hacía desaparecer la Capitanía General de Canarias ubicada en Tenerife y transformarla en una comandancia militar con centro de reclutamiento en Las Palmas. Se unieron por ese motivo tanto republicanos como monárquicos de Tenerife en plena epidemia de cólera morbo y estando como alcalde de Santa Cruz el farmacéutico de la Plaza de San Francisco, José Suárez Guerra. Mientras se decidía también en San Francisco el nombramiento como Diputado de León y Castillo. Recién nacido Alfonso XIII, María Cristina estaba como regente, Sagasta de Presidente del Consejo de Ministros en la época que se alternaban conservadores y liberales y se decidía el sufragio universal.

REFERENCIAS:


1.- Recuerdos del tiempo viejo: artículos publicados en la prensa de esta capital, B, Chevilly

domingo, 14 de diciembre de 2014

Lcdo.Suárez, tejinero ayacucho

Se sufrió 40 años de dictadura franquista y ahora estamos a punto de cumplir 40 años de democracia. Es evidente que muchas cosas han cambiado pero otras muchas parecen que se mantienen intactas. Entender el presente, este comienzo de siglo XXI, requiere conocer los siglos anteriores, el XX y sobre todo el XIX, que fue el siglo del auténtico cambio. En el siglo XIX se pasó del antiguo régimen absolutista al nuevo régimen constitucional y liberal de las Cortes de Cádiz. Darle la espalda a la historia ha supuesto la repetición de los errores, lo que nos da la impresión de haber comenzado dos siglos de forma similar y temer, que como no hay dos sin tres, nos vuelva a ocurrir lo mismo en este siglo XXI.
Hace 200 años moría en la cárcel el lagunero Antonio Saviñón y Yanes, diputado constitucionalista, como consecuencia de la persecución que acometió Fernando VII de afrancesados y republicanos en lo que podría considerarse el primer golpe de estado de la España moderna y que daría origen a las dos españas. Nada pudo hacer ni su hermano el médico Domingo Saviñón ni su sobrino Juan Machado Dapelo, ambos regidores municipales, para conseguir su excarcelación. Fue la época en que nos visitó Sabino Berthelot, gran amigo de Domingo Saviñón, en la excursión para recolectar  plantas medicinales por Anaga.
Tal y como nos describe en su quinta miscelánea al pasar por Tejina pernocta durante dos días en la casa Juan Machado Dapelo, la tristemente desaparecida casa del Manisero, la que adquirió unos años después su sobrino nieto político,  el tejinero Gregorio Suárez Morales que según Francisco Martínez Viera (1) fue uno de los políticos tinerfeños más destacados del siglo XIX.
Es sin duda una figura a rescatar la del Lcdo. Suárez que es como le gustaba ser citado al primer licenciado de este pueblo. Vivió en la Calle de Abajo, en la antigua Hermandad,  hijo D.Domingo Suárez de Armas (procedente de Tejina) y de Mauricia Morales Amaral (de La Laguna). Fue el último militar (Teniente Granadero en Güimar ) de la saga Suárez de Armas. Esta saga fue iniciada por Andrés Suárez heredero del mayorazgo de su hermano Jerónimo Suárez Machado que  residían en Tejina desde al menos 2 siglos antes. Eran descendientes del conquistador Manuel Martín y del repoblador portugués Gonzalo González, primeros beneficiados de los repartimientos de tierras en Tejina después de la conquista.
Don Gregorio convivió con los generales que participaron en la última batalla en suelo continental americano, la de Ayacucho, como Jerónimo Valdés y Baldomero Espartero. Fue un esparterista que con 18 años, en 1823, participó en Extremadura en la defensa de la nueva invasión francesa, la de los 100.000 hijos de San Luis. Definió Ayacucho a esta generación de militares liberales fieles defensores de la constitución de 1812.
Se licenció en Derecho por la Universidad de San Fernando de La  Laguna en 1840 y perteneciendo a las sociedades secretas isabelinas comenzó una carrera política vertiginosa condicionada por su amistad con Espartero. Llegó a ser Alcalde de La Laguna , Diputado Provincial y Diputado a Cortes en el mismo año de 1841, momento en que fue designado jefe político de Cáceres y Valencia. Repite su elección a Cortes en 1851 por la isla de La Palma y en 1855, en los difíciles momentos de la reestructuración administrativa de Canarias. En las Cortes fue uno de los seis miembros de la comisión legislativa que elaboró el Proyecto de Ley de Bases de Ordenación de los Ayuntamientos y Diputaciones. Definido por Marcos Guimerá Peraza (2) como un político de derechas en 1856. En el bienio progresista del reinado de Isabel II desempeñó el cargo de Oficial primero del Ministerio de la Gobernación, pasando después de Fiscal a una Audiencia. Como miembro de la unión liberal aplaudió la revolución de 1868 colocándose del lado del progresismo de Sagasta. Proclamado Alfonso XII, contribuyó a la formación del partido liberal-conservador. Fue Senador real en sus últimos años, votando con la mayoría que apoyaba al gobierno. Condecorado en 1887 con la Gran Cruz de la Real Orden de Isabel  la Católica y a su muerte, que aconteció  en 1888 en su casa de Tejina, presidente del partido liberal conservador de Tenerife.
En el Ayuntamiento de La Laguna fue compañero de avatares de José Olivera, también alcalde en períodos distintos, por lo que la descripción que de él nos hace el autor de Mi Álbum debe de interpretarse en la justa medida que se merecen dos compañeros de la política que no debió ser muy diferente de  la actual. Como nos describe Olivera, personaje con tales ínfulas era preferible tenerlo como amigo y a pesar de sentirse escalón de muchos sabía  que a su gestión como Alcalde le debía precisamente a este tejinero la mano de obra penitenciaria en la construcción de la Plaza del Adelantado y los fondos necesarios para la formación de la primera banda de música lagunera. A su época que estuvo en el Ministerio de la Gobernación le debemos la concesión de la subvención con que se hizo la carretera de Tejina a Laguna tan necesaria para dar salida a los productos agrícolas de la única zona de regadío que en ese momento tenía La Laguna. Sin embargo, también  tuvo polémicas relacionadas con las elecciones que llegaron a los mismos pasillos del congreso. Se denunciaba que influía en  nombramientos de alcaldes pedáneos que no sabían leer y escribir en una clara alusión a su primo segundo el Alejo  Tomás González Rodríguez, tío de Alejo González González y abuelo de Matías y de Adolfo. La manipulación política hacía olvidar que los alcaldes pedáneos se nombraban anualmente y también fueron elegidos el Alejo, Manuel González Rodríguez (abuelo de Pancho Glez.Glez) y Andrés del Castillo (hijo de Sebastián del Castillo) que sí sabían leer y escribir.
Por estas polémicas el historiador Francisco María de León (1799-1871) en su Historia de Canarias (3) le dedica un pie de página con plena actualidad al comentar que “las elecciones deben ser más y más reñidas porque el ser diputado abre de par en par las puertas a grandes empleos y sacia ambiciones exageradas”.
Sin duda las influencias de D.Gregorio afectaron en la vida de sus vecinos y familiares, así por ejemplo apadrinó en su momento a su sobrino Antonio Suárez Saavedra. Educado con su tío materno el párroco de Taganana, D.Telesforo Saavedra, se lo llevó Madrid cuando era responsable de la sección de telegrafía del Ministerio de la Gobernación y con el tiempo se constituyó en toda una referencia a nivel nacional, llegando a publicar el primer tratado de la historia de la telegrafía cuando se estaba decidiendo la colocación del cable submarino que unía Canarias con la península.
            Es en esta época donde se produce el verdadero desarrollo agrícola de Tejina con la creación por parte de D.Gregorio de la primera comunidad de regantes. La canalización hacia la costa de las aguas del Riego permitiría el crecimiento exponencial de sus habitantes. Sólo tenemos que comprobar cómo se ha multiplicado el apellido Del Castillo, desde que un residente de Los Batanes llamado Andrés Felipe del Castillo Ramos, tuvo en Tejina tres hijos con Antonia Pérez Rodríguez, llamados Andrés, Ana y Sebastián, último alcalde de Tejina.
            Dos tejineros de trayectoria desigual, Sebastián del Castillo, último alcalde del ayuntamiento de Tejina, coetáneo de otro, Gregorio Suárez, que lo fue del de La Laguna. Mientras el primero dejó una gran descendencia, el segundo con una ambición política desmedida  no dejó ninguna. Su principal heredera fue su sobrina nieta María del Carmen Suárez Madam quien casó, “charca con charca” con Amaro Felipe González de Mesa de cuyo matrimonio nació, un 31 de agosto, día de San Ramón Nonato, un hijo en la misma casa tejinera de su bisabuelo, Ramón González de Mesa. Nuevamente las piedras parecen ser testigos mudos de la historia y mientras la Casa de la Costa, heredada por Josefa, hija de Sebastián, aún podemos contemplarla, la casa de D.Gregorio la han derribado dos veces.

1.- Patriotas y ciudadanos. Parlamentarios canarios del siglo XIX. Francisco Martínez Viera.
2.- Feliciano Pérez Zamora (1819-1900).- Marcos Guimerá Peraza.

3.- Historia de Canarias. Francisco María de León.

jueves, 9 de octubre de 2014

Esa niña de sus ojos



Tiene la Plaza de los Bolos, la actual plaza Suprema de La Laguna, un especial  encanto tejinero. En ella vivió la farmacéutica Juana Quintero que estrenó su licenciatura en Tejina. También vivieron en ella los dos médicos que resistieron los embates de la gripe de 1918, D. Anatael Cabrera, director del Hospital de los Dolores y entomólogo de reconocido prestigio y D. Tomás Sánchez Pinto. Entre ambos residían las hermanas Rivero, las primas tacoronteras de D.Adolfo, y a continuación en el número 9, la actual sede del Centro de Gestión del Conjunto Histórico, su otro primo hermano por el lado tejinero D.Manuel González Morales, concejales ambos del Ayuntamiento de La Laguna por los datistas y  albistas. Por los mauristas estaba en cambio D. Ramón González de Mesa, nacido también en Tejina en la casa de D. Gregorio Suárez. D.Manuel y D.Adolfo fueron también ,junto con Pepe Cruz y Julián Hipólito, miembros de la comisión de fiestas en Tejina en plena epidemia y crisis del 18. 


D.Manuel se había casado con Juana, la hermana de Felipe del Castillo y éste con Ramona, la hermana de D.Adolfo. La otra hermana de éste, Clotilde, lo estaba con D.Tomás Sánchez Pinto. En el año 1929, dos años después de resolverse  el primer expediente de segregación de Tejina, moría D.Manuel y ese mismo año fueron publicadas en la Gaceta de Tenerife las “Impresiones de Tejina”. Bajo el seudónimo de  Arbelo se publicaron seis “articulejos”, como decía el autor, que eran en realidad escritos denuncia de las principales deficiencias socio-sanitarias del pueblo. Describía Arbelo el ambiente de las tertulias de rebotica cuando narraba que era la primera vez que escribía y sólo un enorme aficionado a presenciar esas luchas de inteligencias y razones. Por eso necesitaba manifestar lo mismo que ahora necesito hacer yo, que “no escribe, pues, una pluma brillante, sino una tosca y modesta, que solo busca dar a conocer lo que aquellos no han querido”. 




D. Manuel Glez. Morales era el padre de D.Bartolo, el de las vacas, el cual residía en Tejina junto a Julián Hipólito presidente de las fiestas en 1955. Ese mismo año se nombraba como  primera reina de la fiesta a su hija Carmita y a su corte de honor, entre las que se encontraban sus sobrinas Carmina (la hija de Marcelino) y Soli (la hija de Hipólito). Fue mantenedor en esta primera fiesta de arte D. José Trujillo Cabrera, un cura liberal e ilustrado, que lo fue de Tejina en los duros años que van desde 1943 a 1948 y al que le debemos la ampliación de la iglesia.




Por estos recuerdos viví con agrado la propuesta de nombramiento de mi hija como dama de honor de la reina de las fiestas. Ver a Patricia en una de esas carrozas con traje de época no pudo por menos que recordarme a mi abuelo Marcelino (hermano de Julián), abanderado familiar del optimismo y el saber vivir, que admirado seguro que hubiese exclamado “blanquita, blanquita”.


Siempre me dio la sensación que Patricia tenía una especial vinculación con las fiestas patronales. O al menos, así lo sentí desde el mismo día de su nacimiento cuando al salir del paritorio tuve la necesidad de celebrarlo en soledad, en la cafetería del Ramal, rodeado de todos los que en ese momento se recogían trasnochados de la verbena del Socorro. Desde entonces han pasado dieciocho años, dieciocho fuegos del Socorro, e inconscientemente la comparo con las fotografías que guardo en casa de mis antepasados y pienso orgulloso que de tal palo tal astilla, pero,





¿Por qué nos parecerá, que a pesar de todo,  otros tiempos siempre fueron mejores?





Mientras escucho con añoranza las narraciones familiares de mi madre y mis sentimientos interpretan otra cosa,  mi deformación profesional me dice que nuestro cerebro, a pesar de no ser nada musculado, consume el 20% del oxígeno y la fisiología de la supervivencia nos recuerda que este consumo energético no puede ser gratuito. Los avances de la ciencia son a menudo caprichosos y  si las estructuras priónicas, la de las vacas locas, se las relaciona con enfermedades como el Parkinson o el Alzheimer ahora parecen que pueden jugar un papel clave en el asentamiento de la memoria lejana. Es la memoria selectiva que tiene nuestro cerebro la que parece jugar a que sólo recordemos lo que verdaderamente interesa. Nos parece que otros tiempos fueron mejores porque de forma innata procedemos a olvidar los malos momentos para recordar sólo los buenos. De esta forma la naturaleza nos indica que para poder afrontar con éxito el futuro siempre debe primar  el optimismo y por mucho que los medios de comunicación se empeñen en aguarnos la fiesta, dicen que  el rostro es la verdadera imagen del alma, por lo que la estética nos puede  ayudar a cargar con la  procesión que podamos llevar por dentro. Es en este aspecto donde la cosmetología tiene mucho que decir para conseguir sentirte bien contigo mismo. Ya Galeno  lo describía cuando comentaba en el Arte de la medicina:



"El objetivo de la técnica de maquillaje es dotar a sí mismo con una belleza que se ha comprado, mientras que el de la cosmética, que es parte de la medicina, es conservar toda la naturalidad del cuerpo, que es acompañado de una belleza natural ... "



Patricia se ha educado en este entorno formativo que con toda probabilidad ha condicionado que vaya camino de convertirse en la tercera generación familiar de farmacéuticos. Una profesión que ya en los años universitarios pudimos comprobar la fuerte carga de feminidad que posee, lo que parece recordar sus orígenes ancestrales cuando en la sociedad de cazadores-recolectores mientras el hombre cazaba, la mujer recolectaba las plantas medicinales para el cuidado de los suyos. Una profesión que evoluciona hacia la creación de una espacio de salud donde la empatía femenina le da sin duda un valor añadido. Como le suelo decir a mi hija eso requiere de los conocimientos necesarios que le permitan pasar de un  estado de simple visualización al de  verdadera observación de la enfermedad para que se pueda traducir en el mejor consejo, sin olvidar por supuesto la carga de sufrimiento que va emparejada a toda enfermedad.


A esa amiga que sin saberlo me ha prestado el título del artículo, y digo bien prestado porque ella cree que es su dueña ,a “Esa niña de sus ojos” como así le llamaba su padre, tengo la necesidad de darle ánimos y recordarle lo que acaba de manifestar ese nuevo referente jesuita, el Papa Francisco, sobre que no se puede ir por la vida con cara de “guindilla en vinagreta”, hay que echar toda la carne en el asador para afrontar  la vida con verdadera empatía, profundidad, y sobre todo, ilusión.

sábado, 2 de agosto de 2014

Farmaceuticos en Tejina (IV), las aguas de pozos y el mal de Panamá

En 1954 la Inspectora Dª Juana Quintero le traspasó su farmacia de el Ramal de Tejina a D. Antonio M. Rodríguez Acosta quien con los años se convirtió en el último  Inspector Farmacéutico Municipal del Ayuntamiento de La Laguna.

            D. Antonio Rodríguez dejó claro desde un principio su intención de mantenerse en la plaza al comprar en propiedad los terrenos colindantes a la farmacia a D.Domingo González del Castillo y la reforma inicial que le hizo a la misma que aún perdura. Pero sobre todo le ayudó en esta permanencia el haberse enamorado de una tejinera, Carmina,  a la que conoció siendo dama de las fiestas del pueblo en su primera celebración. Las propiedades que ésta heredó de su padre Marcelino le permitieron a D. Antonio desarrollar su verdadera vocación frustrada de Ingeniero Agrónomo. Toda su familia era originaria Tazacorte, paraíso del plátano, de donde le viene la denominación de bagañete a sus vecinos. Su madre enviudó cuando él sólo tenía un año, y esto le condicionó económicamente no poder estudiar lo que realmente deseaba. Orientó su formación hacia la farmacia ya que  en Laguna se había fundado en 1919 no sólo la facultad de Derecho sino también el preparatorio de Medicina y Farmacia, lo que le permitía evitar el sobrecoste de un preparatorio de ingeniería en la península, que él creía le iba a suponer varios años.  El resto de la carrera la realizó en Madrid, en la recién inaugurada sede de la Complutense, pero siempre la orientó hacia la rama vegetal, especializándose en edafología, el estudio del suelo, para lo cual dispuso de una beca que le permitió trasladarse a Suiza. Esta estancia en el extranjero le permitió dominar el alemán lo que reflejó en el cartel anunciador de la farmacia con su traducción de “Apotheke” y que durante años hizo identificar a la farmacia como tal.
La especialización en edafología le permitió afrontar con éxito el Mal de Panamá, enfermedad fúngica que afecta a al sistema vascular de la platanera dejando la veta amarilla característica y que llegó a afectar a casi al 80% de su producción. Para ello  contrarrestaba con materia orgánica el apelmazamiento de los suelos que ocasionaba el sodio de la aguas salobres con las que se regaba. Valiéndose de su puesto de vocal de análisis del Colegio Farmacéutico y de sus contactos en Madrid llegó a traer personal especializado del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) con el que formar a los agricultores de la zona. Este interés por el Mal de Panamá  propició que entablara  una gran amistad con D. Pedro Ayerra Balmuz Jefe del Servicio de Extensión Agraria. lo que a su vez le permitió  los primeros contactos con la Cooperativa Agrícola de la que veinte años después sería su presidente, desde 1983 hasta el año 2001. Su especial vinculación con el Centro Farmacéutico y los resultados que con él se obtuvieron,  le convirtieron en un  verdadero convencido del cooperativismo. Casi 40 años de vinculación, la mitad de ellos con la responsabilidad de la presidencia, de una entidad que se había fundado en 1947 bajo la presidencia de Manuel Hernández González, como transformación de un sindicato de cosecheros de tomates y que al menos para la familia  de los Hipólitos sólo fue siempre fuente de prosperidad, a diferencia de lo que le ocurrió al farmacéutico D. José Asiul.

           El 25 de marzo de 1963 se constituía en La Laguna el primer Consejo Municipal de Sanidad como réplica de las Juntas Municipales de Sanidad del siglo anterior. Tuvo como representante farmacéutico a D.Humberto Lecuona Mac-Kay que había sustituido al recientemente  fallecido D. José Rodríguez de la farmacia Asiul, como también lo había sido dos generaciones antes con la misma farmacia D. Valeriano Santos.
            La Inspección Farmacéutica requería de la presencia de laboratorio en la farmacia. Y consta con consignaciones presupuestarias propias en el ayuntamiento desde 1926 con 125 pts. Estos laboratorios fueron los responsables del control analítico del agua de consumo público que  habían tenido especial relevancia un siglo antes en el control de la epidemias de cólera morbo, enfermedad bacteriana transmitida a través del agua, que en 1883 afectó a La Laguna. Los laboratorios en 1963, estuvieron ubicados en la Farmacia Santos de la Calle la Carrera, en la Farmacia Domínguez del cruce de la Cuesta y en la farmacia de El Ramal en Tejina ya que como consta en las actas del ayuntamiento pleno  desde 1924, los núcleos poblacionales de La Cuesta y Tejina eran claves en el control del agua de consumo público.

Fueron años en que concejales tejineros especialmente activos como D. Manuel Glez. Glez. no dudaron en poner en riesgo su patrimonio abandonando sus propios negocios. Por ejemplo, D.Manuel  consiguió en esa época, que se construyese una atarjea de nueve kilómetros y medio desde el Lomo Santiago hasta la Mesa Tejina con lo cual permitía traer el agua del Portezuelo tan necesaria para los cultivos de la zona.
La lectura de las actas del ayuntamiento pleno de La Laguna dan fé de que el protagonismo político de este ramal de carreteras que es Tejina no ha estado nunca acorde con su densidad poblacional y eso se lo debemos al desinteresado trabajo de determinadas personas. D.Manuel González (Manuel Matías) al que siempre se recordará como aquel que consiguió traer con Julio “mutilado” la luz y el agua de consumo público a Tejina pese a la actitud escéptica de sus mayores, se mostró tan activo como cuatro décadas antes lo estuvo D. José Rodríguez Amador, D. Pepe Cruz, uno de los tres nombres que D. José del Castillo propuso en 1951 para las tres calles principales de Tejina. Junto al ya citado Pepe Cruz (el que trajo la luz)  se eligieron a Tomás Glez. Rivero (el comandante que se negó a disparar) y a Felipe del Castillo (el más antiguo). Estas son aquellas personas que influyeron para que con la ayuda del agua y la sorriba poder transformar un auténtico erial en un campo productivo y fértil. Mientras tanto una sociedad lagunera tan ilustrada como enrocada en su propia historia se veía incapacitada de resolver los problemas políticos de una época turbulenta como pocas han habido.
La añoranza universitaria que me ha provocado escribir estas líneas me hace opinar que frente a la descripción que magistralmente hace Alejandro Ciorarescu en el prefacio de Mi Album de José Olivera (1) de la ciudad de La Laguna del siglo XIX, la que había perdido a la Universidad Fernandina,


Una ciudad extraña y crepuscular en la que los relojes parecen que están dando las horas de los fantasmas; una laguna de  aguas muertas, de movimientos acompasados, de pasiones insignificantes, de repliegue sobre sí misma


, yo prefiera recordar la del siglo  XX, la que ya la había recuperado, y su generación del 27. Me gustaría tener la edad suficiente para hacerlo con la figura idealizada del perfecto caballero y “piojo pegado” del pueblo tejinero llamado Dr. D. Tomás Sánchez Pinto que con sombrero en mano y figura altanera solía pasearse en la Catedral entre la farmacia y la dulcería, donde todas las tardes le esperaba su copita de vino dulce, mientras Figueredo, el mancebo,  recopilaba la prensa y seleccionaba los artículos que servirían de base para las tertulias de la farmacia Asiul.