martes, 17 de julio de 2018

Camino de San Bartolomé (II), un hospital medieval en Londres




En el año 1120, la Isla Tiberina recibió a un visitante de excepción, Rahere un sacerdote de la corte del rey inglés y  duque de Normandía Enrique I. Una tormenta de invierno había provocado  el naufragio de la embarcación real muriendo muchos de sus amigos. La depresión que le ocasionó le hizo decidir viajar en peregrinación a Roma siguiendo los pasos de San Pedro y San Pablo. Fue un viaje duro por mar y por tierra que duró más de un mes. Durante su estancia en Roma sufrió de fiebres tercianas (malaria) por lo que ingresó en el hospital de la Isla Tiberina. En los delirios provocados por la fiebre creyó verse capturado por una bestia de cuatro pies y dos alas que lo levantó en lo alto y lo colocó sobre una repisa. En su ayuda acudió una figura que se colocó a su costado y que él identificó como San Bartolomé, el cual le comunicó que en su nombre debería erigir una iglesia y un hospital para pobres en la ciudad de Londres. Por razones de espacio el lugar elegido debió ser fuera de las murallas de la ciudad en Smithfield que entonces formaba parte del mercado real. Se cree que el nombre de Smithfield es una modificación de “smooth field” (campo liso). El Obispo de Londres decidió la ubicación para las celebraciones y en 1122 se comenzó la construcción de un priorato agustino y un hospital en honor a San Bartolomé.



La evangelización de Inglaterra fue muy temprana y el cristianismo resistió las invasiones de sajones  y anglos. Pero al que se ha considerado apóstol de  Inglaterra es al monje benedictino Agustín de Canterbury (534-604), primer arzobispo. Eran estos monjes, que seguían la regla de San Benito, los encargados de custodiar las reliquias de San Agustín en Pavía antes de que lo fuese la orden de San Agustín. San Agustín es para  Inglaterra lo que   San Patricio  es para Irlanda o  San Bonifacio para Alemania.
En la época de Rahere, Europa estaba cambiando. En la baja edad media la población europea se duplicó, el campesinado se trasladó a las ciudades y el castellani dió paso al burgués. En la Iglesia ocurrieron también cambios y los monjes dieron paso a los canónigos regulares y al desarrollo de las órdenes mendicantes que tuvieron un papel crucial en la escuela escolástica. La mayoría de historiadores coinciden en considerar que las grandes modificaciones que hubo en Europa  se debió en gran medida al comercio, estando Londres en una situación privilegiada dentro del río Thámesis como puerto natural. El papel que Londres jugó luego en el comercio de indias la convertiría en la ciudad más poblada del mundo en el siglo XIX.



Si bien Rahere fue el inspirador de la Iglesia y el hospital, la dirección de la obra estaba en manos de un maestro albañil y el de las finanzas en las de  un canónigo  agustino. Rahere se convirtió en el primer prior de la Iglesia de San Bartolomé que mantuvo la vinculación con el hospital hasta 1539.



Se tuvo que hacer acopio de piedra, madera, cal, arena, plomo etc que serían utilizados por albañiles, carpinteros y diversos oficios de la construcción. El lugar donde vivían estos trabajadores se transformaría en un pueblo temporal. El lugar de la construcción se marcaba con cuerdas y estacas de madera, donde se excavaba y se rellenaba con piedras. Las paredes se construyeron como si se tratase de un sandwich, colocando piedras a ambos lados y rellenando el interior con escombros y morteros entre dos superficies de piedra. El método de construcción no ha cambiado a lo largo del tiempo exceptuando por las ayudas mecánicas que existen en la actualidad para los trabajos más pesados.





El poco conocimiento médico que existía entonces convertía a los hospitales en centros de cuidados más que de curación. Las iglesias tenían el deber de atender a los peregrinos y viajeros, así como a los pobres y enfermos del lugar. Las dolencias se consideraban castigos por el pecado. No sorprende por ello que la población recurriese a hombres y mujeres santos para ser curados y que los peregrinos visitasen santuarios en toda Europa en busca de ayuda. Los milagros eran registrados aumentando con ello la fama del lugar. Esta labor asistencial perduró prácticamente hasta el siglo XIX en las que la administración se hizo cargo de la pobreza y se aprobó la beneficencia. Hasta entonces ser “pobre de solemnidad” no era un calificativo peyorativo, sino todo un estamento poblacional que requería ser atendido.



 Un pasillo o ambulatorio circulaba por la parte trasera del altar mayor y comunicaba con el exterior donde el cultivo de plantas medicinales constituía uno de los pocos recursos disponibles contra la enfermedad. El saber, derivado de los conocimientos de los conventos y monasterios eran representados en láminas con fines didácticos donde se describían las características y virtudes de la planta. Estos podían tratase por una sola planta a los que se llamaban “simples o específicos” o bien  ser una combinación de varias de ellas. La referencia documental en la edad media de los medicamentos sencillos, fue La Materia Médica de Dioscórides. Pedacio Dioscórides fue un médico, farmacólogo y botánico de origen griego que ejerció la medicina como cirujano médico en los ejércitos de Nerón. Los cinco volúmenes de la Materia Médica describen más de 400 plantas, 90 minerales y 30 productos de origen animal que fueron la referencia y los antecesores de las farmacopeas europeas hasta el renacimiento.
Comprobamos con lo expuesto como muchas de las costumbres del medieveo se mantuvieron intactas hasta la actualidad a pesar de los grandes cambios poblacionales producidos. Se tendría que llegar al siglo XIX para que la sanidad sufriese el cambio que observamos en la actualidad de la mano de Pasteur y Kock descubridores de los microorganismos como  agentes causales de la enfermedad.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Hace dos siglos (II), Corazón de María






            Hace sólo unos meses nos dejó otro padre de un amigo, Victoriano Ríos, a quien tuve la oportunidad de entrevistar el año pasado. Me quedo con un gesto, el de su rostro de satisfacción cuando supo que no iba a preguntarle por él, sino por su padre.  Hace unos meses, me encontré también subiendo las calles del Realejo buscando a un coetáneo suyo.  Don José Siverio. De igual forma me quedo con su llegada, por su  preocupación de no estar seguro de si  estaría suficientemente documentado y a su despedida, “gracias por todo lo que he aprendido”. Son personas hechas de otra pasta, tienen la necesidad de enseñar porque a su vez necesitan seguir aprendiendo. A Siverio, cura en la actualidad de la ermita de San Sebastián del Realejo Bajo  le pregunté por qué  Tejina tenía fama de ser religiosa, la respuesta también me sorprendió. Tejina tenía fama de que los hombres iban a misa. Esta fama tiene que ser fruto de un trabajo bien hecho,  de una evangelización eficaz realizada  durante generaciones.
Nos encontramos investigando una época en Tejina,  lejana en el tiempo, pero que a medida la vamos conociendo se nos antoja muy familiar, sencillamente  porque las historias no hacen otra cosa que repetirse. Es  la época en la que Don Adolfo consideraba que se habían iniciado los Corazones de Tejina. Esta antigüedad tiene un gran valor, porque de ser cierta, la fiesta podría constituirse en una de las más antiguas de Canarias con carácter de continuidad. Su relación con la fiesta del Corpus parece inequívoca, el significado del doble corazón es, hoy por hoy,  mucho más interpretativo.



La conflictividad social del siglo XIX lo demuestra las cinco constituciones que tuvieron que ser aprobadas, pero interpretar la historia a través de sus pleitos sin hacer el más mínimo esfuerzo por contextualizarla la puede distorsionar. Ese siglo fue el del verdadero cambio, el del régimen absolutista al constitucional de las Cortes de Cádiz influido por la revolución francesa del siglo anterior. El reparto de poderes heredado de la Edad Media estaba aún vigente, clero, militares y el pueblo llano se lo repartían. Cada uno de ellos se vio en la necesidad de evolucionar y la Iglesia Ilustrada jugó un papel crucial. El clero canario fue una auténtica punta de lanza para la política que quiso ejercer Carlos III en el Nuevo Mundo. Fue la única diócesis de toda España que  dispuso de cinco obispos ilustrados y para la cual el realejero y archediano de Fuerteventura José Viera y Clavijo se convirtió en todo un icono. El Marqués de Nava siempre pensó en él como el primer Obispo canario, el mérito se le llevó Manuel Verdugo, el quinto obispo ilustrado.
No nos extraña, por ello, que se produjese pleitos como el  que mantuvo el párroco de Tejina, José Nicolás de León con la familia González y en concreto con su mayordomo Manuel Antonio González y que ésta se remontase en dos generaciones, a la de su abuelo José González Perera, alcalde y mayordomo a finales del siglo XVIII. La intervención de Francisco Carvallo, marchante de Luján Pérez, que había casado en Tejina con Francisca Rojas, la tía de Pepe Macana (José Rojas Martín), es ilustrativa cuando dice, en 1842 en plena revolución isabelina, que el juicio lo tiene que llevar a instancias superiores y fuera de la isla, por la influencia que el párroco ejercía sobre el pueblo. Nuevamente salía a relucir es argumento muy repetido de la “ignorancia” del pueblo llano al que tenía manipulado de párroco y que en realidad, lo único que escondía, era el temor de la nueva burguesía agraria a que el pueblo comenzase a estar convenientemente informado.




Si algo caracterizó desde el punto de vista católico a este siglo XIX fue sin duda la aprobación de la bula papal   Inefabilis Deus, dictada por Pío IX un 8 de diciembre de 1854, por la cual se aceptaba la imposibilidad de que a Virgen María hubiese nacido con pecado original ya que en su seno se había encarnado el hijo de Dios. El día elegido no fue casual, nueve meses antes de una tradición ancestral, la natividad de la Virgen María, el origen del año litúrgico bizantino. Esta aprobación fue la conclusión de siglos de debates dentro de la iglesia, no en vano la iglesia matriz de Tenerife está bajo su advocación, la Iglesia de la Concepción de la Laguna. Los cultos marianos y los sacramentales ya se daban en Sevilla durante la conquista de las islas. La hermandad y esclavitud de Nuestra Señora de la Concepción  data de 1533, e incluía los cultos marianos y sacramentales. Tuvo un fuerte carácter asistencial y una presencia femenina preferente, a las que se les refería como hermanas o dueñas. La constitución de la hermandad del Santísimo Sacramento fue posterior, en la segunda mitad de ese siglo XVI. Pero tanto el culto sacramental como el mariano fueron de la mano en sus orígenes porque ambos eran consecuencia del concilio de Trento que muchos consideran la contrarreforma protestante.
En origen, la forma de representar a la virgen era con el niño en brazos en una clara alusión a la maternidad divina y a la que se le llamaba la Concepción Franciscana. Fueron los aires del barroco la que les despojaron al niño de sus brazos.
Fue en siglo XVII cuando se acrecentó el debate concepcionista entre franciscanos que estaban a favor y los dominicos que eran sus detractores. En el siglo siguiente Carlos III, gran devoto concepcionista, elevó su prestigio tanto en España como en América.




En el siglo XVIII, en la iglesia de la Concepción de La laguna, se festejó el novenario del 15 de agosto que se culminaba el 24 de agosto día de San Bartolomé con procesión por la plaza del Santísimo, la Virgen y el Santo. La proclamación del dogma en 1854 ocasionó unos festejos el 14 y 15 de agosto de 1855 en el que el ornato de la iglesia adquirió un aspecto lujoso con colgaduras, doseles, luminarias  frontales de plata. Mientras que el exterior había colgaduras de las casas luminarias y faroles en la plaza, un arco de triunfo con una estrella de varas de colores que la remataban…. El cortejo iba acompañado por un grupo de niñas vestidas como de ninfas otras haciendo de librea y ángeles que tiraban flores al paso de la procesión, mientras cerraba una tropa de milicias provinciales con su banda de música [i].Estas novenas tenían especial fama en Tejina por coincidir con el Corpus que se celebraba el día del patrón. Nuevamente el día de las Vírgenes como novena del Corpus por San Bartolomé, devociones marianas y sacramentales.
La festividad de la Inmaculada Concepción ha tenido por tanto una gran incidencia en nuestra cultura hispana, no en vano es la patrona de España. También lo es del arma de Infantería  y de los farmacéuticos. El motivo de su elección en el caso de infantería fue la victoria in extremis que se obtuvo en Flandes frente a los Calvinistas durante la guerra de los ochenta años y para lo cual fue milagroso la congelación de los ríos en el monte de Empel un 8 de diciembre de 1585. El rey Carlos III, devoto concepcionista consiguió autorización papal en 1760 para el nombramiento de la Inmaculada Concepción para nuestra nación.
 En el caso de los farmacéuticos su elección es también anterior a la aprobación de la bula, comenzó siendo una devoción de las facultades. Los farmacéuticos siempre hemos querido creer que el concepto de purísima iba ligado al de pureza de los productos químicos que empleamos. Lo cierto es que el apoyo de los gremios de farmacia en 1854 a la bula desde  las recién creadas facultades terminó incluyendo en la ordenación de la facultad de farmacia la advocación a la Inmaculada Concepción y por mimetismo a toda la profesión.




En plena auge concepcionista surgió en La Laguna la cofradía del Santísimo e Inmaculado Corazón de María el viernes de Dolores de 1850. Se centralizó en Tenerife en el seno del monasterio de las Monjas Claras de La Laguna, en el altar de Nuestra Señora de los Dolores. Esta devoción  se había iniciado en la iglesia parisina de Santa María de las Victorias como iniciativa del papa Gregorio XVI. Tan solo dos años después, en 1852, estando como párroco Juan Espinosa y Salas se fundó la cofradía del Corazón de María en Tejina. Uno de los principales impulsores de la devoción fue el párroco Eduardo de Mesa, Don Fausto que ejerció en Tejina durante 38 años (1859-1897).  Don Fausto fue el continuador en la segunda mitad del siglo XIX de una devoción mariana que había surgido en el siglo anterior con el alcalde y capitán Don Tomás Suárez de Armas como mayordomo de la cofradía  de Nuestra señora de los Dolores (1776-1842) y que entró en decadencia al final de su vida coincidiendo con las políticas desamortizadoras.  Esta devoción que siguió creciendo tal y como podemos comprobar con la participación destacada de Tejina  en los actos conmemorativos del quincuagésimo  aniversario de la definición dogmática de la Purísima Concepción de La Laguna. En definitiva, destacan cinco párrocos en este siglo XIX que sin duda transmitieron esta devoción mariana. Los hermanos Quintero y Estévez,  el agustino José Nicolás de León, Juan Espinosa y Salas y Don Fausto, Eduardo de Mesa que con toda probabilidad utilizaron la devoción popular de los Corazones como herramienta evangelizadora. Un doble Corazón, uno pequeño y otro grande, que podría significar esa maternidad divina de María con el Niño Jesús, con siete flechas o banderas, tantas como dolores tuvo la Virgen, una ofrenda de pan y vino, de frutas y tortas, como tradición anterior incluso al cristianismo y que nos llega de oriente  y un ramo de flores en la parte superior como verdadero símbolo del origen cristiano, como lengua de fuego que se posa en la cabeza de los apóstoles.






1.       [i] La Laguna y su parroquia matriz. Estudios sobre la Iglesia de la Concepción. Juan Alejandro Lorenzo Lima.


martes, 22 de mayo de 2018

Camino de San Bartolomé (I), la isla tiberina






La prosperidad del imperio romano fue debida en gran medida a su capacidad para mantener unidas a todas su provincias. Tan importante era para el imperio las minas de estaño de Britania (Inglaterra), como las de sal de Dacia (Rumanía). Lo que marcó las diferencias con el imperio griego fueron sus vías de comunicación que eran claves para mantener esta unidad, y para lo cual, la flota y sus puertos eran fundamentales.  Subir en las barcazas por el río Tíber desde Ostia hasta Roma debía de impresionar a los navegantes. Se encontraban  de improviso con una isla en medio del río con forma de barco que se comunicaba con la ciudad por sendos puentes, los puentes de Fabricio y Cestio. Para los ya conocedores de la isla el efecto tampoco podía ser muy tranquilizador al tratarse de un espacio que aunque hospitalario también les recordaba  que era un lugar para el aislamiento  de la enfermedad y de la muerte. Esta isla Tiberina a la que se le conocía en  épocas paganas  como “Insula Aesculapii” se volvía tristemente visitada en épocas de peste.



Contaba la leyenda que en el año 293 a.C. Roma sufrió una terrible peste y después de dos años de sufrimiento se consultaron los Libros Sibilinos para encontrar un remedio en Epìdauro (Grecia), donde el famoso santuario de Asclepio tenía la serpiente viva convenientemente consagrada con las virtudes positivas de su veneno. A una delegación romana se le encomendó traer esta serpiente y cuando subían el río la serpiente escapó y arenó indicando el lugar donde construir el templo para la nueva divinidad griega. El santuario se convirtió entonces en una especie de hospital donde, después de la purificación del cuerpo, por la noche se procedía al “incubatio”, o sea un sueño profético que a menudo conllevaba una curación milagrosa. Con el cristianismo esculapio fue sustituido por los santos milagrosos en especial por aquellos a los que se le reconocían cualidades sanadoras como San Bartolomé que en Armenia había curado de epilepsia a la hija del rey lo que en la época se le consideraba una especie de exorcista. Entre las mismas columnas del templo de Esculapio en el siglo XI se erigió la iglesia de San Bartolomé de la Isla y con los rezos nocturnos se esperaba el milagro igualmente eficaz. La Iglesia fue edificada por el emperador Onorio III para recordar el mártir Adalberto, pero desde que se dedicó al apóstol San Bartolomé se acogen a enfermos y esta tradición ha continuado a través de los siglos, llegando a nuestros días. Las reliquias de San Bartolomé se encuentran custodiadas bajo sus columnas. Comenta la leyenda que siguieron todo un periplo marinero desde armenia protegida en cofres de plomo llegaron a la isla de Lipari, cerca de Sicilia y bajo la presión sarracena se trasladaron a Roma.



En la Edad Media la asistencia sanitaria que efectuaban los monjes proporcionaban hospitalidad y compasión más que verdaderas intervenciones terapéuticas. Fue en los monasterios donde se conservó el saber heredado del imperio romano y  la orden benedictina seguidora de San Benito de Aniano (750-821) la que compiló las diferentes reglas en la Concordia regularon basado sobre todo en la orden del Obispo de Hipona. Fueron los Benedictinos los responsables de las reliquias de San Agustín de Hipona que siguieron un periplo marinero similar a las de San Bartolomé, la presión sarracena trasladó las reliquias del santo a la ciudad de Pavía en el año 722 que se conservan en una caja de plata en la basílica de San Pedro in Ciel d`Oro. En 1213 se transfirió su custodia a los canónigos regulares de San Agustín que se consideraron desde entonces los herederos directos del estilo de vida del Obispo de Hipona considerando a San Agustín el pater cononicorum.



La entrada del nuevo milenio supuso cambios en todos los órdenes, se cree que la población europea llegó a duplicarse gracias a la falta de epidemias, benignidad del clima y mejoras en la producción agrícola. El estado feudal declinaba y se consolidaba las nuevas monarquías. La población se trasladó a las nuevas urbes surgiendo la burguesía como nuevo grupo social. El románico daba paso al gótico mucho más luminoso debido a que el peso de las techumbres ya no recaía sobre las paredes sino sobre las columnas, convirtiendo a las catedrales, vivienda del obispo, en el principal centro social. En este ambiente surgieron las órdenes mendicantes, que no eran ni eremitas, ni monjes, ni canónigos regulares que pretendían retomar el proceder y la forma de vida de los primeros cristianos abriéndose a la nueva sociedad. La formación monásticas dió paso a la escolástica y los monasterios pasaron a llamarse conventos. Así aparecieron autores mendicantes de la talla de san Alberto Magno y santo Tomás de Aquino entre los dominicos o de san Buenaventura, Alejandro de Hales y el beato Juan Duns Escoto en la corriente franciscana.



El IV Concilio de Letrán quiso poner orden entre todos los grupos considerados como heréticos que surgieron. De igual forma quiso dotar de cierta organización a todos los grupos ermitaños, entre ellos a los de la región de Tuscia, que rebasaba  la actual Toscana y que junto con la de Siena llegaban a la misma Roma. En 1243 cuatro frailes solicitaron al Papa la unión de estos ermitaños bajo la regla de San Agustín. La orden se constituyó como tal en 1252 con el nombre primero de Hermanos Ermitaños de la Orden de San Agustín de Tuscia. Con el tiempo fueron los encargados también de la custodia de los restos de San Agustín de Pavía depositados en la basílica de San Pedro in Ciel d`Oro.
A partir del año 1500, la isla tiberina se convirtió en un auténtico centro hospitalario con médicos y laicos. Entre ruinas y epidemias apareció en la isla tiberina en 1527, un hombre nuevo con el deseo de llevar consuelo y alivio a las penas de los enfermos, se trataba del español Juan de Dios, fundador de la congregación de los Hermanos Hospitalarios, que se encargará del cuidado de los pacientes ingresados en la Isla de Esculapio

miércoles, 31 de enero de 2018

Hace dos siglos (I), Juan Tabares Roo





“Ningún gran hombre vive en vano. La historia de la Humanidad no es sino la biografia del los grandes hombres”.- Thomas Carlyle (1795-1881).

Cuando a mediados del siglo XX el ayuntamiento de la Laguna decidió poner nombre a las  principales vías de Tejina tuvo en cuenta apellidos como Castillo, González, Rodríguez o Hernández. Esto nos indica que nuestra memoria histórica no atravesaba entonces la barrera de ese siglo. Llegar a la barrera del siglo XIX habría significado recordar apellidos como Tabares, Suárez, Machado o Vera.
El apellido Tabares y su antecesor los Vargas fueron claves en el devenir histórico de Tejina. Juan Tabares Roo, un vecino de La Laguna con intereses en la comarca fue un personaje de finales del siglo XVIII que supo abrirse un espacio de prestigio social entre los hermanos Bencomo (Dean de la Catedral nivariense y confesor real) y el Marqués de Villanueva del Prado, Don Alonso de Nava y Grimón.
El primer Tabares que llegó a Canarias fue Alonso Hernández de Tabares que procedentes de Azores su linaje le emparentaba con Pedro Viejas de Tabares, Señor de la Guardia, servidor de Sancho I, uno de los nobles portugueses que se encontraron en la toma de Sevilla. Al llegar a Canarias casó con Beatriz González hija de Gonzalo González y Francisca Afonso de Figueroa, portugueses afincados en Tejina naturales de Braga y casados en Guimaraes, al norte de Portugal. Fue el tercer matrimonio de Beatriz con Gonzalo Afonso el que educa a los hijos  y continúa la línea. Su nieta Leonor Tabares casó con Gaspar Ocampo de la Gomera y la hija de ambos Quiteria emparentó con los Wesrterling de Flandes. Si a Asenjo Gómez, casado con Iomar González, hermana de Beatriz, se le ha considerado el fundador de Tejina, su temprana muerte hizo que fuera su hijo Bartolomé el que asumiera el papel de liderazgo social y algunos historiadores consideran que el nombre de la parroquia de Tejina se debe precisamente a él. Fue una pariente suya  Jacobina Westerling de Ocampo,  nieta de Leonor Tabares, la verdadera benefactora de la parroquia de San Bartolomé y de la Alhóndiga. Jacobina Westerling representa por tanto una descendencia tejinera de apellidos flamencos. Fue su hija Gracia Jerónima la que casó con Juan de Vargas patrono de la ermita de San Juan Bautista de Bajamar emparentando por primera vez las casas Tabares y Vargas. Jacobina Westerling casó con Bernardo Lercaro y Justiniano y algunos historiadores que consideran que hay dudas razonables sobre su verdadera cristiandad creyendo que existen pruebas suficientes que demuestran  su criptojudaismo.



El apellido Vargas se cree que procede de la baja Andalucía, sospechas que se tienen por las relaciones de sus parientes con Trujillo y Marbellla. Todos contribuyeron de forma activa en la conquista de Sevilla. Sancho de Vargas Machuca fue conquistador de Gran Canaria y Tenerife, se le reconoce formando parte activa de las huestes de Gonzalo del Castillo y aún tuvo tiempo de aventurarse en las cabalgadas contra el moro de la Berberia en las cercanías de Tagaos. De igual forma que la patente de corso establecía las relaciones en alta mar, las cabalgadas por el desierto en busca de esclavos era la actividad más lucrativa que perseguían estos primeros conquistadores. El adelantado Alonso Fernández de Lugo y su hijo Pedro no estuvieron exentos de esta actividad y el resultado fue un auténtico desastre. Alonso Fernández  de Lugo, recibió el título de Adelantado precisamente para compensar ese fracaso, un título más honorífico que económico.  La reina Isabel terminó por prohibir estas incursiones y los conquistadores tuvieron que buscarse otros ingresos y otros objetivos. De esta forma nos llegaron a Tejina apellidos como los Vera, Negrín, Morales, Denis o Perdomo  que siempre utilizaron los puertos como vía de comunicación. No nos extraña por ello  en Tejina encontrarnos apellidos familiares haciendo las américas como fueron Joaquín de Vergara en Nueva Andalucía, Juan Vargas en Cumaná, Diego Sopranis en la Guayana o Guillermo Roo en Maracaibo (1)[1]. De igual forma no nos debe  extrañar que devociones a la Virgen de las Nieves  nos lo encontremos tanto en Agaete como en Taganana. Sancho de Vargas no hizo las américas pero sí le podemos localizar ver en las cercanías de Agaete como fundador de Santa María de Guía, con propiedades en Lanzarote de donde era originario  su suegro, Juan Dávila, pero sobre todo en Tenerife, se le reconoce una propiedad de 200 fanegadas en Tegueste, de la que nos queda el topónimo de la Mesa de Vargas. Con ocho hijos, Sancho de Vargas enviudó y se casó en segundas nupcias con Marina de la Algaba con la que tiene otras dos hijas, Isabel y Catalina. Procedía este apellido de Huelva y había emparentado directamente con el Adelantado a través de su mujer. Marina  era hermana de Jerónimo Valdés y de Andrés Xuárez Gallinato, todos  sobrinos políticos del adelantado.



Juan Tabares Roo [2], venía por tanto de buena familia, heredero del mayorazgo fundado por José Tabares de Cala fue el último Regidor perpetuo. En 1817 sólo quedaban vivos tres regidores más, Don Cayetano Peraza de Ayala, El Conde del Valle Salazar y  Don Lope de la Guerra, los tres con propiedades en la comarca. Como regidor más antiguo le correspondió el honor de hacer la proclama de la reina  Isabel II en 1833, acto que no volvió a repetirse procediéndose a su jubilación el octubre de ese mismo año.Tabares Roo es probablemente una de las personalidades que mejor representan en Canarias el verdadero cambio político, el cambio de régimen que aconteció hace dos siglos cuando en 1812 el régimen absolutista daba paso al régimen constitucional de las Cortes de Cádiz. Intervino en la defensa de la Plaza de Santa Cruz ante el ataque de Nelson, fue nombrado Secretario General de la Junta Suprema cuando la invasión napoleónica, lidiando con la actitud timorata de Cagigal. Como tal, le correspondió ceñirse el fajín rojo y ir a poner orden en la isla de Fuerteventura por la desconfianza que provocaba las autoridades militares de las Palmas. Los 5 meses que permaneció en la Isla le granjearon un aire ilustrado por las mejoras agrícolas que propuso en una isla tan necesitada. Perteneció a ambas sociedades económicas de La Laguna y Las Palmas en donde fue clave su papel para modernizar los terrenos de propios del Cabildo, Participó de forma activa en diferentes comisiones de trabajo buscando nuevas áreas de desarrollo como fue el del cultivo del tártago en el que el pueblo de Tejina expuso en la económica de La Laguna la posibilidades del mismo el uno de febrero de 1817. Desde antiguo se conocían las propiedades farmacológicas del aceite de ricino, hoy sabemos que su efecto purgante es debido al ácido ricinoleico con un componente tóxico, la ricina que lo ha ido dejando en desuso.



Su padre, Juan Tabares Vargas, fue el que dió continuidad al apellido Vargas a través   de Tabares. Ocho generaciones que una tras otra se iban ennobleciendo emparentando con apellidos como el Cala, Núñez, Yáñez, Ocampo, Grimaldi, Prieto, Carminatis o Llarena y que su vinculación con Tejina se mantuvo durante siglos como podemos comprobar en los libros diocesanos con el bautizo de su tía Juana Tabares Vargas (5 de agosto de 1723) en Tejina o con el matrimonio de su hermana María Antonia con Pedro-Pablo de Soria Pimentel. Un antecesor suyo, Pedro de Soria Pimentel, había sido alcalde de Tejina en 1639, casi un siglo de presencia en Tejina.
Juan Tabares Roo intervino en los principales acontecimientos políticos de Canarias en esta época convulsa como pocas y que para Tejina supuso su pérdida de identidad como ayuntamiento de igual forma que La Laguna perdía la capitalidad a favor de Santa Cruz. Fue una época en la que la invención del barco de vapor dejó en plano secundario el valor de la dirección de los vientos y la importancia del embarcadero de Bajamar decayó en la misma medida que adquiría mayor protagonismo el puerto de Santa Cruz. El empuje político de esta ciudad que emergía alrededor del Castillo de San Cristóbal iba a oscurecer la bien trazada ciudad de los adelantados de la que era su patrono convirtiéndola en una ciudad de  monjes y educadores. Por ello, para La Laguna se convertia en un objetivo prioritario conseguir el obispado y recuperar la universidad.




[1] Ilustres isleños en el imperio Español de Ultramar (1963). Anmalola Borges
[2] Historia Genealógica de la Casa de Tabares. D. Miguel Lasso de la Vega y López de Tejada (O.234)

lunes, 28 de agosto de 2017

El Haya, una interpretación botánica de los Corazones




“Y saldrá un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz se elevará una flor. Y reposará sobre él el espíritu del Señor, espíritu de sabiduría y de entendimiento, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu  de ciencia y temor del Señor”.  Isaias, 11,1


La cultura del pan y el vino ha sido una característica del mediterráneo, de oriente nos llegó y con rapidez se extendió por todo el imperio romano. En ciudades como Tomar (Portugal), la ciudad de donde provenía Asenjo Gómez, fundador de Tejina, se celebra la fiesta de los Tabuleiros (bandejas) que es una de las más antiguas del país y que conmemora la festividad de Pentecostés, orígen de la iglesia cristiana, recordando cómo en forma de llama se posó el Espíritu Santo sobre la cabeza de los apóstoles. Se cree que tiene su orígen en la Reina Santa Isabel de Portugal, copatrona de la Catedral de Laguna,  como agradecimiento a Dios por evitar el conflicto entre su hijo y su marido, el rey Dionisio de Portugal. La alegoría consiste en una procesión de una número variable de chicas (más del centenar) vestidas de blanco en señal de pureza que portan sobre la cabeza un artilugio que recuerda a las mangas procesionales pero  ornamentado con flores y panes, coronada con una paloma o cruz. En la fiesta se procede al  reparto del pan y el vino desde carretas arrastradas por bueyes. Pentecostés es también una cristianización de otra fiesta pagana, la que después de siete semanas de siete (49 días), coincidiendo con la recogida del grano, se daba gracias a la diosa Ceres por los bienes recibidos. La fiesta del Espíritu Santo, el Corpus o la fiesta de las cruces no dejan de ser cristianizaciones de la fiesta pagana de exaltación a la vida y a los bienes recibidos tras la incertidumbre del invierno En ella  impera la feminidad imponiéndose la variabilidad del calendario lunar frente al más estático solar de las estaciones.
Creemos que nuestros corazones encierran todas estos valores o creencias. El haya o faya en su traducción portuguesa, es el máximo exponente de nuestro monteverde, el fayal-brezal. Su presencia siempre estuvo acorde con los usos tradicionales de la economía campesina debido a su gran capacidad para crear masa arbórea en poco tiempo utilzándose como leña, como ramaje para alimento  y cama de ganado (9). La Mírica faya junto con el Brezo (Erica arborea) dan nombre a nuestro particular bosque sagrado como en Europa lo hace el Haya (Fagus sylvaticus) con su porte blanquecino. El propio Viera y Clavijo se hace eco de dicha confusión poniendo de manifiesto su endemismo y aunque él lo consideraba dentro de la familia de los acebos (Ilex Aestivalis canariensis) hoy lo clasificamos dentro de la Miricaceas. Él manifestaba de esta manera que nada tenía que ver con la llamada fagus en latín que era una especie indígena y peculiar de nuestras Canarias y de la isla de Madera cuyo fruto es una baya redonda, jugosa y dulci-amarga que  lo herreños la llaman erúes y en años estériles las muelen y hacen una especie de gofio. Su corteza tiene uso en los tintes para teñir de amarillo.

Fue la iglesia de la ilustración, descendiente de Viera y Clavijo, la que se vió en la necesidad de separar estos aires paganos del principal acto litúrgico que entonces teníamos, el Corpus Cristi. Desde la conquista, el Corpus Cristi se convirtió en una manifestación perfectamente jerarquizada de todos los estamentos sociales (1). Mientras Dominicos y Franciscanos se disputaban la hora de la procesión, los Agustinos en cambio, preferían celebrarlo, el primer domingo de septiembre (2).Coincidía en fechas la octava de la fiesta de San Agustín con la de San Bartolomé, santo también de la Iglesia agustina del convento del Espíritu Santo, la que posteriormente se llamaría Iglesia de San Agustín. Estos actos de exaltación cogían especial relevancia en la octava, sobre todo si se hacían coincidir con las del santo patrón, tal y como aconteció en Tejina en 1821 (3). En pleno trienio liberal el párroco ilustrado de Tejina Santiago Raymond Quintero y Estévez se vió inmerso en una disputa con el ayuntamiento constitucional por plantear la anulación de la celebración de la octava del Corpus, tal y como se exigía desde hacía más de 40 años. Esta propuesta no fue secundada por el vicario Martinón y el 13 de agosto desautorizó la decisión del párroco


No haga usted ninguna novedad en cuanto a no hacer, como Vmd. pensaba, la procesión de la octava del Corpus por las calles, sino que por el contrario condescienda con la piedad de este pueblo sacando dicha procesión en el dia del patrono según ha sido costumbre y haciendo dicho pueblo lo que tenga por conveniente en orden a regocijos. Yo bien conozco que suele haber algún desorden en éstos, pero toca a la policía el evitarlos y a Vmd. toca también emplear el intento de las insinuaciones amorosas, ya que las palabras injuriosas sólo sirven para irritar a los fieles y comprometerse Vmd. mismo.



Las actitudes liberales habían dejado sin base social al clero ilustrado y estos volvieron a retomar las absolutistas de mano del lagunero Santiago Bencomo hermano de Cristóbal, confesor real, Inquisidor General y Arzobispo de Heraclea, principal artífice de la creación de la Diócesis Nivariense en 1819 (4). Esta documentación encontrada por Manuel Hernández en el archivo diocesano demuestra el arraigo de la costumbre de la octava del Corpus en la fiesta patronal de Tejina y cómo la costumbre de los arcos frutales, propio de esta octava, van abandonando sus características iniciales dando lugar a los corazones de hoy en día siguiendo las vicisitudes y modas de la época. La complejidad que han adquirido los corazones de Tejina en comparación con otros de características similares como los de Güímar o los del Sauzal (5) sólo lo explica un proceso de mejora continua buscando la perfección de las formas y reafirmando su esencia a lo largo del tiempo. Estas ofrendas frutales son comunes en toda la geografia hispana, desde las fiestas en honor a San Antonio de Padua en Cangas de Onís a las de la Virgen de Las Nieves o San Pedro en la Palma San Pedro en Breña Alta o al ramo de la Gomera. En Tejina todo parece indicar que el decaimiento de la fiesta militar tras la marcha del regimiento de Ultonia dio paso a reforzar la ofrenda frutal frente a la de barcos. Tal y como nos recuerda la tradición oral (Sebastián Rojas a través de  los comentarios de la familia González Rivero) la ofrenda frutal del interior del templo se transformó en un tablero en la plaza donde se colgaba la fruta acorde con las exigencia reales que existían desde 1777 (Real cédula de 20 de febrero acatada por el cabildo el 2 de mayo) de sacar de las iglesias estos actos de exaltación. El que éste adquiriese la forma de corazón, bien desde su inicio o con posterioridad, solo fue probablemente cuestión de tiempo con la llegada a Tejina del fraile agustino José Nicolás de León,  la adaptación de la tercera regla de San Agustín que fue siempre su símbolo. Si los dominicos nos trajeron el Rosario y los franciscanos el Vía Crucis, los agustinos hicieron lo mismo con el Viernes de Dolores una celebración instaurada por Benedicto XIII en 1727. Esta devoción tuvo especial relevancia en Tejina con la creación de la cofradía de la Virgen de los Dolores en 1777 y que tuvo como mayordomo al capitán y alcalde Tomás Suárez de Armas, abuelo del Senador tejinero Gregorio Suárez Morales. Entraría en decadencia el segundo cuarto del siglo XIX coincidiendo con los gobiernos liberales y las políticas desamortizadoras de propiedades de cofradías y conventos lo que dió pie al párroco Juan Espinosa y Salas, con los actos de exaltación de la Inmaculada Concepción, a rescatarla en la archicofradía de Corazón de María en 1852. Sería luego el párroco Eduardo de Mesa , don Fausto, con su gran devoción y principal impulsor del culto al Purísimo Corazón de María que es la principal devoción del Monasterio de Clarisas el que mantuviera viva viva la llama durante todo el siglo. Una devoción mariana que también pudo estar presente en Tejina desde su fundación a través de estas monjas del ya que las mismas aparecen con propiedades en el barranco Aguas de Dios hasta las políticas desamortizadoras del siglo XIX. La Virgen de los Dolores o el corazón hiriente de María viene a representar la carga de feminidad que requiere toda octava de la fiesta de las mieses en agradecimiento por los bienes recibidos. Nuestra relación con los agustinos fue continua a lo largo de los siglos tanto a través de la Iglesia del Socorro en Tegueste Nuevo como con Santa Catalina en Tacoronte y el convento del Cristo de Dolores. Viera y Clavijo lo dejaba claro cuando citaba que tras la epidemia de Landres (peste bubónica) de 1582 los frailes agustinos se refugiaron en sus propiedades de  la costa de Tejina dejando viviendas de piedra y paja como huella de esa estancia que duró más de un año. Una presencia agustina y franciscana a través de las monjas clarisas que sin duda marcó nuestra cultura cristiana.
La interpretación de nuestro símbolo , el doble corazón,  debe hacerse, por tanto, en clave de octava del Corpus. El Corpus es una celebración que surge en la edad media fruto de la heterodoxias propias de la época, tiene su auge en la edad moderna como principal herramienta política en contra de la reforma protestante, mientras que en la edad contemporanea,  jansenitas y eudistas se enzarzaron en una disputa teológica que tuvo en San Agustín  ,un personaje de la edad antigua, y su corazón a su principal protagonista. La celebración del sagrado corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María se lleva a cabo el viernes y sábado siguiente al Corpus y la copatrona de Tejina, la Virgen de la Encarnación representa la unión física de ambos, la que da orígen al gran dogma cuando el verbo se hace carne. La mejor interpretación de la creencia popular nos la da el marchante Francisco Mallorquín que manifiesta ante la inquisición las creencias que le transmitió su padre, un pobre cochinero que no sabía leer ni escribir:


Cristo fundó a su madre y se engendró en sus entrañas y se le entró luego en el corazón y allí estuvo encerrado nueve meses y cuando quiso salir abrió puerta o endija al corazón de su madre y por ella salió y la volvió a cerrar dexándola siempre Virgen, a que añadió que el corazón tiene cinco partes y lo explicó con algunas simplezas (6).


Esta interpretación del doble corazón no es nuevo, ya fue citada por Adolfo González Rivero en 1959 cuando, conmemorando el 140 aniversario, citaba a dos corazones en lugar de los tres que ya existían en el pueblo (7). Dicha antigüedad fue reafirmada por el periodista Vicente Borges en el pregón de las fiestas de Tejina de 1966. Charbonneau (8) en su estudio sobre la simbología cristiana nos explica el significado del doble corazón al describir el corazón de Poitou, cuna del cristianismo francés y enclave estratégico de la ruta jacobea que une el norte de Europa con Santiago de Compostela en su ruta más occidental. Utilizando un molde de cerero que pertenecía al notario Houdalille describía cómo los dos brazos de corazón habían sido suprimidos para dar paso a dos monogramas de forma antigua IHS, Ihesus y MRA, María. Para ampliación cada uno de estos dos corazones está también representado: por el sol el de Jesús y por la luna , el de la Virgen. Bajo los Corazones Sagrados figura un corazón de fiel inflamado por el ardor de su piedad. Las doce tortas del Corazón de Tejina equivaldrían a las doce llamas que aparecen dentro del corazón y vendrían a representar las llamas sobre la cabeza de los Apóstoles en pentecostés.La paloma como símbolo del Espiritu Santo siempre aparece en la parte superior lo que equivaldría al ramo de flores en el Corazón de Tejina. Este valor simbólico  del número dos  también está representado en la  principal  obra de San Agustín “La Ciudad de Dios”. Este trabajo siempre fue un referente en los momentos de disputa entre iglesia  y estado, como el acontecido en España en el primer cuarto del siglo XIX y que parecen no perder actualidad.  San Agustín diferenciaba entre dos ciudades la terrenal y la espiritual y consideraba que la paz en la ciudad llegaría con la concordia, con la unión de corazones, entre los que gobiernan y los que obedecen. Esta simbología fue muy utilizada por los movimientos contrarrevolucionarios del oeste y sur de Francia que muchos historiadores lo consideran el primer genocidio sufrido en Europa. De esta tierra de chuanes partieron pocos años después, en 1823,  los cien mil hijos de San Luis para restaurar a Fernando VII en su trono después del trienio liberal, iniciando la década Ominosa.  
La unión de corazones en formato de árbol sagrado es, en definitiva, lo que creemos puede representar  nuestro símbolo y es todavía, a día de hoy, el verdadero sentir del pueblo tejinero.




BIBLIOGRAFIA


  1. Manuel Hernández González. El Corpus Cristi en Canarias.
  2. Juan Primo de la Guerra, Diario (1800-1810). Tenerife 1976. Ed. de Leopoldo de la Rosa Olivera. Tomo I:256
  3. Manuel Hernández González. Los vegetales en las fiestas canarias a lo largo de la historia. El Pajar. Cuaderno de Etnografía Canaria II Epoca. nº20 Agosto 2005.
  4. Manuel Hernández González. De la Ilustración al absolutismo: la trayectoria intelectual de Santiago Bencomo.Homenaje de Alfonso Armas Ayala. tomo I.
  5. María José Ruiz y Guadalberto Hernández. Fiestas de San Bartolomé de Tejina.
  6. M.C. Sección Inquisición, sign. LXXIX-5
  7. Huberto Suárez -Hernández. Los Corazones de Tejina ¿Hacia los doscientos años del ritual?. Programa de las Fiestas de San Bartolomé de Tejina, 2016.
  8. Louis Charbonneau-Lassay. Estudios sobre la simbología cristiana. Iconografia y simbolismo del Corazón de Jesús.
  9. Maria Eugenia Arozena Concepción, Josep M. Panareda Clopés y Albano Figueredo. El papel de la Myrica faya como indicador de la dinámica del paisaje de la laurisilva en Canarias y Madeira. Avances en Biogeografia, 2016 págs. 601-610